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Protagonistas INSUSTITUIBLES

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Confecciona ropa de lino y la vende. [...] Se reviste de fuerza y dignidad [...]. Está atenta a la marcha de su hogar y el pan que come no es fruto del ocio (Proverbios 31:24-27).

En 1962 Agnes de Mile publicó en la revista Selecciones: "No tengo certeza de que la joven de hoy sea más feliz. La felicidad es muy personal y está íntimamente relacionada con la aptitud para amar. Nuestras abuelas lo sabían muy bien. Las mujeres de su tiempo vivían para los otros. Una de sus marcas de gloria era el altruismo. Su generación conoció la fe, la disciplina, un objetivo en la vida, en contraste con la ambición y el placer personal. Fue una generación que comprendió el valor de la elegancia. En el recato de su existencia, la mujer de entonces representó lo que tal vez haya sido el último baluarte de la hidalguía".

La dramaturga norteamericana Zoe Lewis escribió un desahogo, titulado "Fui engañada por el movimiento feminista".

Su madre le inculcó los valores de la posibilidad de elegir y de la liberación sexual. Durante veinte años, persiguió sus sueños, pero, cerca de los cuarenta años, concluyó: "Sacrifiqué mis deberes femeninos y los deposité en el altar de la carrera profesional. ¿Será que valió la pena? La respuesta solo puede ser un no absoluto. Desearía haber tenido una visión más balanceada de la mujer".

Zoe habla de la enorme presión que sentía para tener éxito y ser igual a los hombres y cuánto le gustaría que la idea de ser ama de casa o madre, no fuese "tan tóxica para las mujeres de la clase media del pasado". Según ella, cada vez más amigas feministas están desistiendo de su carrera en favor del amor, de los hijos y de la cocina. Y concluye: "Ser mujer y ser madre deberían tener el mismo valor que una carrera en la mente de las feministas".

Por detrás de la lucha por los derechos igualitarios, el enemigo siempre intentó que se desate una guerra entre los sexos. Hombres y mujeres fueron criados para complementarse, no para competir unos contra otros, pues tienen estructuras diferentes.

Si lamentamos que en el pasado los hombres oprimían a las mujeres, necesitamos evitar el error de intentar imitar la fuerza masculina, dejando de disfrutar de la femineidad, terminando frustradas y arrepentidas. olo Dejémonos inspirar y ser alimentadas por la fe y la confianza en el Creador que nos capacita para protagonizar un papel insustituible: primeramente, dentro de casa; después, fuera de ella. 

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