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De enemigos a amigos

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Pero yo digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen (Mateo 5:44).

"Ya sabes cuánto odiaba a Muhammad Ali, por haber perdido por su culpa en 1974".

Con esas palabras George Foreman, exboxeador estadounidense bicampeón mundial de boxeo, peso pesado y medallista de oro en los Juegos Olímpicos, en su autobiografía cuenta de su amistad con Ali, elegido como "El deportista del siglo".

Dos meses después de esta conversación, Foreman llamó a Muhammad y le contó acerca de su experiencia con Dios.

-George, te voy a dar otra oportunidad para conquistar el título-le propuso Ali.

-Gracias, Muhammad, no quiero otra oportunidad. Encontré algo mejor -respondió George-.Lo siento mucho, Muhammad, pero estoy colgando los guantes. Si un día me necesitas, estaré aquí.

Poco tiempo después, Muhammad llamó a George y, a medida que se conocían más, fue surgiendo una amistad, y su gran exenemigo hablaba con él casi todos los días. En las cartas que se escribían, firmaban, jugando el uno con el otro: "Con amor, Muhammad Ali" y "Con amor, George".

Ali estaba impresionado con el cambio efectuado en George y le hacía preguntas difíciles acerca de la Biblia. Finalmente, reconoció que, para haber cambiado tanto, su amigo debía haber tenido un encuentro verdadero con Dios.

En el estante de trofeos de George, hay una foto de la famosa lucha de los dos en África. George está derrumbado y Ali en pie, a su lado, mientras el árbitro se prepara para contar. Guardó esa foto de su derrota porque fue el momento que inició la búsqueda de George por Dios. Él aprendió a amar al hombre a quien tanto había odiado. Muhammad se convirtió en uno de sus mejores amigos.

La Biblia no dice que es pecado tener enemigos. No siempre es posible considerar a todos como amigos, pero nos insta a amar a nuestros enemigos. La lógica bíblica es diferente a la nuestra; la manera de amar, según Dios, es diferente a la nuestra.

Eso implica decir: "De acuerdo, alguien me hizo daño, y como un ser transformado por la gracia divina, aun cuando fui herida y no sienta amor por esa persona, puedo practicarlo con ella". El amor, según Dios, no es un sentimiento, sino que forma parte de los principios de su reino. Cuando lo practicamos, suceden muchas sorpresas. Sentimos alivio y una paz que excede a todo entendimiento; y, tal vez, como ocurrió con Foreman y Ali, pueda surgir una gran amistad.

Que Dios te impresione a tener esa experiencia.

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