|
A un cuando no se sabe si es el lugar verdadero, es emocionante visitar el Gólgota y entrar en el sepulcro de Jesús. El área formaba
parte de una antigua cantera y, de acuerdo con la tradición oral, era usada por autoridades judías para la ejecución por apedreamiento y crucifixión en el período romano. Esas condenas suelen concretarse cerca de las vías agitadas para exhibir al pueblo las consecuencias de la desobediencia civil. Ese lugar parece haber estado originalmente situado en la intersección de las vías principales que conducían a Jericó y a Damasco.
Dentro de esa gruta, con las manos apoyadas en la reja, respiré hondo y sentí mi corazón acelerado. Las lágrimas caían...
Es la Pascua. Su origen se debe a la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud egipcia. Se conmemoraba a la tardecita, el día catorce del primer mes, entre marzo y abril de nuestro calendario. Un cordero era sacrificado, y su carne asada y comida en la cena familiar con hierbas amargas y panes sin levadura.
Ese ritual tenía una simbología didáctica y profunda. Las hierbas amargas recordaban la amargura de la esclavitud. Los panes sin levadura significaban la falta de interés por lo impuro. El cordero sacrificado señalaba a Jesús, que sería sacrificado por los pecados de la humanidad.
Jesús se hizo hombre para enseñarnos el amor, vivir el amor, ser rechazado, perseguido, escupido, burlado, insultado, humillado y azotado por aquellos que amaba. Y murió por amor.
¿Cómo comprender esto? Amó tanto que dio a los que amó el derecho de odiarlo y matarlo. ¡Incomprensible e incomparable amor!
El Salvador murió un viernes, descansó un sábado y resucitó con poder y gloria un domingo.
En la gruta, las lágrimas corrían. No eran lágrimas de lamento por lo que él sufrió, sino de indignación y vergüenza porque aun cuando él se humilló haciéndose humano, siendo Dios, y murió como transgresor por mí, sigo siendo como soy.
¡Oh, amor incomprensible! ¡Cuántos pesares y angustias desaparecerían si dedicáramos más tiempo a meditar en su sacrificio!
Permite que te inunde y te transforme. Una atmósfera de gracia te rodeará, haciendo que seas un perfume de vida para aquellos que te rodean.