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El Hombre EN BUSCA DE SENTIDO

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Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a quienes lo aman (Santiago 1:12).

Viktor Frankl es reconocido como uno de los mayores psiquiatras del mundo. De familia austríaca judía, tenía una vida cómoda hasta que la Primera Guerra Mundial los empobreció.

Interesado en el sentido de la vida, estudió medicina, mientras desarrollaba proyectos de prevención al suicidio para estudiantes.

A los 33 años su consultorio de neurología y psiquiatría fue amenazado por los nazis. Salvó a millares de judíos de la muerte, rechazando recomendar la eutanasia a pacientes con dolencias mentales.

Recién casado, los nazis obligaron a su esposa a abortar a su primer hijo. Él, su esposa, sus padres y su hermana fueron llevados a campos de concentración. Solo Viktor y su hermana sobrevivieron.

Durante los tres años que pasó en el campo de concentración, Viktor robó papeles y escribió las ideas principales de su ópera prima: El hombre en busca de sentido.

Terminada la guerra, Frankl se casó nuevamente y tuvo una hija. Se tornó doctor en filosofía, profesor de la Universidad de Viena, y fundador y presidente de la Sociedad Austríaca de Medicina Psicoterapéutica. Obtuvo más de veinticinco títulos por sus ideales y su trayectoria. Aparte de eso, escribió varios libros. La logoterapia se tornó la tercera escuela de terapia vienesa, después de Freud y Alfred Adler.

Las personas más felices están siempre involucradas en alguna causa o proyecto mayor que ellas.

En el campo de concentración el doctor Frankl vio a muchos muriendo. Más allá de las adversidades, concluyó que morían porque perdían el sentido de la vida. Él afirmó: "Todas las circunstancias conspiran para hacer que el prisionero pierda el control. Todos los objetivos comunes de la vida están deshechos. La única cosa que restó es la última libertad humana: la capacidad de elegir la actitud personal que se asume frente a determinado conjunto de circunstancias. La libertad interior del ser humano, la cual no se puede quitar de él, le permite hasta el último suspiro configurar la vida para que tenga sentido".

¿Qué te mueve? Nuestro sentido mayor debe ser Cristo. Vivir por él es existir por excelencia, pues aunque la muerte venga, ese no es el fin definitivo. Él nos prometió vida abundante. Medita diariamente en el mayor sentido de la vida y vive por Jesús.

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