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Alimento necesario o régimen estimulante

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Deliberadamente pusieron a Dios a prueba y exigieron comida a su antojo. Murmuraron contra Dios y aun dijeron: "¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto?" (Salmos 78:18, 19).

Mientras preparo esta meditación, veo un video de un personaje de los medios televisivos, apelando a los padres: "Si amas a tus hijos, deja de darles azúcar. Estamos creando una sociedad de cancerosos y diabéticos, como yo, que, por testarudez, comía y bebía exageradamente. Pagué un elevado precio por mi indisciplina".

La glotonería es una de las tentaciones por medio de la cual el diablo consigue muchos adeptos. En la primera prueba en el Edén, Adán y Eva tenían hambre cuando comieron del fruto prohibido. Consultaron al paladar sublimando la razón y la consciencia.

El pueblo de Israel estaba acampado en el desierto. Antes de llegar al Sinaí, Dios les había provisto el maná, pero el pueblo pedía carne. Y, por un día, Dios se las concedió.

El maná era un alimento completo, adaptado a sus necesidades, y los mantenía saludables en medio de un desierto sin cualquier tipo de fruta u hortaliza. Contagiados por los egipcios, el pueblo volvió a pedir carne.

No estaban hambrientos; rechazaban el alimento divino. La restricción divina perfeccionaría el apetito pervertido a un estado más sano. Satanás, sin embargo, los incitó a ver en esa restricción una injusticia divina. Sabía que la satisfacción desenfrenada del apetito llevaría a otras condescendencias; y, así, mantendría al pueblo bajo su control. 

Por la intemperancia, Satanás llevó al pueblo a murmurar contra Dios. El modo irracional de comer y beber corrompería al pueblo escogido para que satisficieran las bajas pasiones, incitándolos a no respetar los deberes morales, haciéndolos frágiles a las tentaciones.

Dios los había sacado de Egipto para establecerlos en Canaán como un pueblo puro, santo y feliz. El largo proceso de disciplina los volvería equilibrados y saludables física, espiritual y emocionalmente; y eso sería transmitido a la posteridad.

Si hubiesen vencido el apetito, ninguna enfermedad o debilidad los habría alcanzado. Habrían tenido discernimiento y un juicio desobstruido, y no habrían tomado tantas y sucesivas decisiones equivocadas.

¿Cómo suples las necesidades de tu organismo: con alimento necesario o régimen estimulante? Recuerda que eso puede influir sobre tu carácter al tomar decisiones que pueden llevarte al cielo o alejarte de él.

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