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La timidez y la introversión parecen la misma cosa, pero no lo son. Gran parte de las personas introvertidas también son tímidas. La introversión tiene que ver con temperamento, y la timidez puede ser consecuencia comportamental de la introversión.
A aquel que solo es introvertido le gusta la discreción y evita la exposición innecesaria, pero, cuando es necesario, no tiene miedo o vergüenza de exponerse en público y de relacionarse socialmente. Por otro lado, el que es introvertido y, a la vez, tímido, puede sentir pánico si necesita hablar con extraños o interactuar en un grupo.
En la timidez, la exposición de sí mismo a la opinión de otra persona genera malestar. Por eso, la persona tímida evita el contacto y la interacción con personas y grupos diferentes a los cuales está habituada. Algunas personas tímidas evitan hablar en público por vergüenza a ser objeto de atenciones. Tal vez, por miedo a comportarse de manera inadecuada y ser malinterpretadas. Es comprensible que sea difícil para esas personas prestar atención a alguien mientras una intensa actividad les provoca cierto dolor y gran angustia.
Una situación más crítica de la timidez es la fobia o la ansiedad social, que es el miedo patológico a la crítica, a la exposición y a las interacciones sociales. Ese caso requiere diagnóstico criterioso y tratamiento.
Si no solo te identificas con la introversión, sino que además eres retraída o sientes vergüenza de interactuar y exponerte socialmente, probablemente seas tímida. Hay factores hereditarios que contribuyen al desarrollo de la timidez, pero también pueden contribuir otros factores como el medio social, la educación familiar y las experiencias de la vida.
Si la timidez es incómoda, es posible amenizarla. No te aísles. Participa de grupos sociales pequeños. Busca ayuda psicoterapéutica para comprender los mecanismos y condicionamientos negativos que te hicieron así.
No te castigues, acéptate. Las personas tímidas pueden ser excelentes amigas y suelen tener habilidad para escuchar. Pero no seas conformista. Atrévete a combatir la timidez. No te masacres con la indiferencia, no esquives o rechaces a las personas sin conocerlas. Puedes sonreír y ser afectuosa.
Si luchas contra la timidez, pide a Dios que te dé coraje. Quién sabe si Dios tiene una misión para ti. ¡Cree que Dios puede darte el coraje necesario para ser útil en su obra!