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Me importa

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Que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo. (Mateo 5:16).

Un día le preguntaron a la antropóloga Margareth Mead cual había sido la primera señal de civilización en determinada cultura. Se esperaba que la respuesta fuera: una vasija de barro, un anzuelo de pesca o una piedra de afilar. Pero ella dijo: "Un fémur fracturado y sanado". Aclaró que ningún fémur restablecido se encuentra donde reina la ley de la supervivencia de aquellos con mejor forma física.

Un ser humano sanado demuestra que a alguien le importó. Alguien tuvo que cazar y cosechar para la persona herida hasta que la pierna se sanara. Esa bondadosa evidencia de compasión, de acuerdo con Margareth, era la primera señal de civilización.

Todos anhelan reconocimiento, valoración y comprensión. Esas necesidades están profundamente arraigadas en la naturaleza humana. Hijos, esposos, esposas, padres, ancianos, alumnos, empleados, jefes, enfermos, amigos, colegas de trabajo, vecinos: todos desean sentir que, aun cuando son imperfectos, son especiales. Existen muchas maneras de demostrar que nos importa el otro. Veamos algunas:

* Muestra empatía. En vez de concentrarte en ti misma, mira a quien está a tu alrededor.

* Deja la gloria para los otros. El egoísmo hace que queramos ser el centro y que pensemos que somos mejores que los demás. Salgamos del centro.

* Oye e intenta comprender. Escucha con atención los motivos ocultos por detrás de las actitudes de las personas.

* Escribe un mensaje. No necesitas ser un experto en escritura para escribir "Te amo", "¡Eres muy importante!", "¡Te admiro!".

* Sonríe. Recibir una sonrisa muestra que le importamos a alguien. 

* Practica buenas acciones, cada vez que surja una oportunidad, sin que te lo pidan y sin esperar recompensa.

* Agradece. Existen personas que están a nuestro alrededor durante años; otras, cuyas constantes y pequeñas acciones facilitan nuestra vida.

* Abraza. Para alguien que tuvo un día malo, un abrazo puede ser más reconfortante que cualquier palabra.

Alguien dijo que las personas tal vez nunca recuerden lo que hiciste o dijiste, pero siempre recordarán cómo las hiciste sentir.

Jesús fue el mayor ejemplo con respecto a demostrar que los demás nos importan, y nos invita a hacer lo mismo, dejando brillar nuestra luz y glorificando al Padre.

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