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Un día le preguntaron a la antropóloga Margareth Mead cual había sido la primera señal de civilización en determinada cultura. Se esperaba que la respuesta fuera: una vasija de barro, un anzuelo de pesca o una piedra de afilar. Pero ella dijo: "Un fémur fracturado y sanado". Aclaró que ningún fémur restablecido se encuentra donde reina la ley de la supervivencia de aquellos con mejor forma física.
Un ser humano sanado demuestra que a alguien le importó. Alguien tuvo que cazar y cosechar para la persona herida hasta que la pierna se sanara. Esa bondadosa evidencia de compasión, de acuerdo con Margareth, era la primera señal de civilización.
Todos anhelan reconocimiento, valoración y comprensión. Esas necesidades están profundamente arraigadas en la naturaleza humana. Hijos, esposos, esposas, padres, ancianos, alumnos, empleados, jefes, enfermos, amigos, colegas de trabajo, vecinos: todos desean sentir que, aun cuando son imperfectos, son especiales. Existen muchas maneras de demostrar que nos importa el otro. Veamos algunas:
* Muestra empatía. En vez de concentrarte en ti misma, mira a quien está a tu alrededor.
* Deja la gloria para los otros. El egoísmo hace que queramos ser el centro y que pensemos que somos mejores que los demás. Salgamos del centro.
* Oye e intenta comprender. Escucha con atención los motivos ocultos por detrás de las actitudes de las personas.
* Escribe un mensaje. No necesitas ser un experto en escritura para escribir "Te amo", "¡Eres muy importante!", "¡Te admiro!".
* Sonríe. Recibir una sonrisa muestra que le importamos a alguien.
* Practica buenas acciones, cada vez que surja una oportunidad, sin que te lo pidan y sin esperar recompensa.
* Agradece. Existen personas que están a nuestro alrededor durante años; otras, cuyas constantes y pequeñas acciones facilitan nuestra vida.
* Abraza. Para alguien que tuvo un día malo, un abrazo puede ser más reconfortante que cualquier palabra.
Alguien dijo que las personas tal vez nunca recuerden lo que hiciste o dijiste, pero siempre recordarán cómo las hiciste sentir.
Jesús fue el mayor ejemplo con respecto a demostrar que los demás nos importan, y nos invita a hacer lo mismo, dejando brillar nuestra luz y glorificando al Padre.