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El pueblo de Israel salió de Mara y quedó acampado varios días en Elim, rodeado por fuentes de agua y palmeras.
El éxodo había comenzado hacia un mes, y acamparon por primera vez en el desierto. El alimento que habían traído de Egipto comenzó a escasear.
En el desierto no había alimento suficiente para los rebaños. Entonces, el corazón incrédulo del pueblo comenzó a llenarse de incertidumbres. Hasta los príncipes y ancianos del pueblo se quejaron de los líderes escogidos por Dios. Apelaron a la nostalgia, y dijeron que extrañaban las ollas de carne y pan.
El pueblo no estaba pasando hambre. Sus reclamos se referían al futuro. En su imaginación se veían sufriendo hambre y a sus hijos muriendo.vnt Dios permitió estas pruebas para que aprendieran a volverse a aquel que podía cuidarlos.
Pecaban contra Dios dando lugar a la incredulidad, considerando anticipadamente que morirían de hambre. Aun después de tantas promesas, insistían en desanimarse ante el primer obstáculo.
El plan divino de elevarlos implicaba que enfrentaran dificultades y soportaran privaciones. Si hubieran confiado, recordando lo que Dios ya había realizado por ellos, hubieran soportado con buen ánimo las incomodidades, las privaciones y aun el verdadero sufrimiento; pero no estaban dispuestos a confiar en el Señor.
La experiencia de Israel era un período "de prueba" antes de llegar a la Canaán. Hoy, Dios aun anhela que recordemos las pruebas por las cuales los israelitas pasaron y reflexionemos acerca de nuestra preparación para el Cielo.
Nos parece que los israelitas reclamaban demasiado. Pero ¿cuántas veces, frente a pequeñas aflicciones del diario vivir, dudamos y nos sentimos irritadas, ansiosas e impacientes? ¿Y cuando surjan preocupaciones mayores? Es probable que estemos menos preparadas aun para soportarlas, y, quién sabe, quizá algunas lleguen a negar la existencia de Dios.
Estamos en un mundo de pecado, pero Cristo nos invita a ir a él y recibir alivio, descanso y paz.
Recuerda siempre lo que Dios ya hizo por su pueblo en todos los tiempos y activa tu fe. En lugar de reclamar y quejarte, confía en él y encontrarás descanso en el Salvador.