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La repercusión DE LA ARROGANCIA

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Samuel dijo a Saúl: Has obrado neciamente, no has guardado el mandamiento que el Señor tu Dios te ordenó, pues ahora el Señor hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre (1 Samuel 13:13).

Poco después de haber sido ungido, el reino de Saúl fue confirmado en asamblea nacional cuando salió exitoso en la batalla contra los amonitas. 

Pronto los filisteos se organizaron con millares de carros, caballeros y soldados y fueron contra Israel. Saúl convocó a los hombres de guerra, pero todos estaban temerosos. Sin armamentos para tal enfrentamiento, hubo gran deserción.

Samuel le había indicado a Saúl que descendiera a Gilgal y esperara siete días cuando surgiera un desafío como aquel. Samuel ofrecería holocaustos y efectuaría una preparación espiritual. En Gilgal, Saúl esperó ansioso día tras día, y permitió que el desánimo y la desconfianza del pueblo lo dominaran.

Antes de terminar los siete días, en lugar de preparar el espíritu del pueblo para los momentos de consagración, el rey impaciente e impulsivo dijo que la deserción era culpa de la demora del profeta. Entonces, él mismo ofreció holocaustos en vez de esperar al profeta.

Pronto llegó Samuel, Saúl fue a recibirlo esperando elogios, pero recibió censura. Esa primera desobediencia de Saúl lo llevó a otras acciones equivocadas. Presentó excusas sin sentido por su error. No admitió su desobediencia, y se justificó diciendo que el ejército podía atacar y no habían orado. Fue indiferente a las necesidades del pueblo. Maldijo a los que habían comido antes de terminar la lucha.

Insistiendo en su falsa justicia propia, casi asesinó a su propio hijo, Jonatán, que no sabía de la orden de su padre y había comido miel.

Tuvo celos de su hijo. Al percibir la predilección del pueblo, quedó malhumorado. Cuando damos el primer paso hacia la arrogancia, abrimos la puerta a mentiras. Justificativas e injusticias se abren, hasta que el Espíritu Santo ya no puede transformar el carácter.

Saúl dio ese primer paso y, posteriormente, siguió dando pasos equivocados hasta volverse completamente víctima de Satanás.

No cambies el cielo por la popularidad, honra humana o poder. No busques excusas para tus errores. Acepta la reprensión divina y regresa al camino de la obediencia y fidelidad a Dios mientras la voz del Espíritu Santo aun es audible.

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