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Soy su niñIta

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¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! (Isaías 49:15).

En 1977 una pareja de adolescentes de diecisiete años entró en una clínica de aborto en Los Ángeles para interrumpir un embarazo de siete meses y medio.

El método utilizado sería una solución concentrada salina, común en los Estados Unidos en las décadas de 1970 y 1980 en gestaciones a partir de las dieciséis semanas. Es algo horrible. Una larga aguja es inserida en la pared abdominal de la madre hasta el saco amniótico. La solución inyectada es ingerida por el feto, lo que envenena al bebé, y quema su piel y sus pulmones. Esa hipernatremia, o aumento de sodio en la sangre, causa espasmos, vasodilatación generalizada, hinchazón, congestión, hemorragia, choque y muerte. Normalmente, veinticuatro horas después, el bebé nace muerto o casi muerto.

Suelen llamar a esos bebés "manzanas del amor", por el aspecto rojo de las quemaduras.

En ese caso específico, al día siguiente, Gianna nació viva y sin quemaduras. Fue llevada al hospital y aguardó la muerte. Sobrevivió, pero los médicos decían que no conseguiría caminar, ni hablar, ni levantar su cabecita.

Después de salir del hospital, Gianna fue a un hogar. Con pocos meses, no recibió los cuidados necesarios y fue rechazada. En otro hogar, una bondadosa señora la adoptó y le enseñó de Jesús. La madre adoptiva oraba con ella y la acompañaba a sus sesiones de terapia. A los tres años, Gianna caminó, pero la parálisis cerebral la acompañaría siempre.

Hoy Gianna Jessen es una cantante cristiana y una activista a favor de la vida. Viaja por el mundo dando su testimonio.

En Brasil, en 2018, Gianna contó que participó de dos maratones y que se estaba preparando para otro.

Después de una conferencia, una señora se presentó a ella como su madre. Al recobrarse del susto, Gianna dijo: "Soy cristiana y ¡la perdono por lo que hizo!" "¡No necesito de tu perdón! ¡Eres una vergüenza!", le respondió su madre. 

Gianna luchó contra el sentimiento de ser rechazada y el dolor desde el vientre materno. Cierta vez dijo en relación con su madre: "No soy su hija. Soy la niña del dueño del mundo. ¡No te atrevas a meterte con la propiedad de Dios!".

Desde el vientre materno, el enemigo intentó abortarte, inyectando la solución salina del pecado, que quema, enceguece y paraliza. Pero el dueño del mundo te salvó con su sangre, transformándote en la niña de sus amables ojos.

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