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Cuando Moisés recibió consejos de Jetro, su suegro, mientras iban de camino al Sinaí, Aarón y María temieron perder su influencia para con Moisés. Posteriormente, cuando Moisés designó a los setenta ancianos, María y Aarón no habían sido consultados y sintieron celos.
Los dos hermanos no sabían cuán pesadas eran las responsabilidades que cargaba Moisés; pero, elegidos como ayudantes, se consideraban con el derecho a la misma posición de autoridad.
Consciente de su propia debilidad, Moisés hizo de Dios su consejero. Aarón se consideraba mejor y confiaba menos en Dios. Había fracasado por haber condescendido en el culto idólatra en el Sinaí. María y Aarón, ciegos de envidia y ambición, perdieron eso de vista.
Cediendo al descontento, María se quejó. Comenzó a tratar a Séfora, su cuñada, con desprecio mal disfrazado. No había aceptado el casamiento de Moisés porque Séfora era de otra nación, lo que era una ofensa a su familia y al orgullo nacional.
Aun cuando no era hebrea y tenía la piel oscura, Séfora era madianita. Por lo tanto, era descendiente de Abraham, y, además, adoraba a Dios. Era tímida e introvertida, pero gentil, afectuosa y muy sensible ante el sufrimiento.
Cuando se dio cuenta de la carga pesada que llevaba su esposo, le contó a su papá, quien sugirió medidas que lo pudieran aliviar de sus cargas.com Nuevamente, Aarón perdió la oportunidad de hacer lo correcto. De acuerdo con María, compartió sus celos.
Moisés soportó mansamente las acusaciones. Dios lo había elegido para guiar al pueblo. Consecuentemente, María y Aarón, porque habían murmurado, fueron hallados culpables de deslealtad para con Moisés y para con el propio Dios.
En señal de desaprobación divina, María quedó leprosa. Humillado, Aarón confesó su pecado, rogó por su hermana y esta fue curada.
La envidia es uno de los más diabólicos defectos del corazón humano. Tiene efectos letales. Fue la envidia la causa de la discordia en el cielo. La condescendencia con ella generó males fatales. Sé cuidadosa al hablar de otros o al juzgar a alguien. El castigo de María es una advertencia a los que, movidos por la envidia, hablan mal de aquellos llamados por Dios para liderar su obra.