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Voluntad y decisiones

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Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia (Proverbios 3:5).

Desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir, tomamos decisiones. Las personas impulsivas toman decisiones regidas solo  por sus emociones. Las personas cobardes piensan mucho para decidir: saben lo que es correcto, pero, por miedo al qué dirán o por vergüenza, esperan a que los otros decidan por ellas, o deciden demasiado tarde. Las personas rígidas son muy decididas, pero solo dicen "no": hacen las cosas de la misma manera, no procuran soluciones nuevas y tienen dificultad para reconocer sus errores.

"La voluntad es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre, poniendo a las demás facultades bajo su dominio. La voluntad no es el gusto ni la inclinación, sino el poder de decidir que obra en los hijos de los hombres para obediencia o desobediencia a Dios" (Elena de White, Mensajes para los jóvenes, pág. 145).

Solo estaremos seguros de que nuestra voluntad es correcta si la entregamos a Dios. Muchas mujeres pueden desear vencer malas tendencias, pero descenderán a la ruina por sus decisiones equivocadas, porque no entregaron su voluntad a Dios. ¡Eso es muy serio! En otras palabras, aun cuando no lo declaren abiertamente, decidieron no servir a Dios.

El doctor Timothy Jennings sostiene que la razón y la conciencia (canal de comunicación divina), designadas por Dios, deben ser los agentes que gobiernan las decisiones. Estas conforman el discernimiento, comandando las emociones y los comportamientos. Cuando las decisiones hechas violan la razón y la conciencia, hay inquietud y ansiedad. Cuando la razón y la conciencia rigen nuestra vida, en un principio nuestras decisiones pueden generarnos incomodidad. Pero, en seguida, viene la paz interior, la confianza y la satisfacción.

Cuantas veces, en la vida familiar, en el trabajo, en la iglesia o en otras circunstancias, actuamos movidas por las emociones, o por la razón, o fanáticamente solo por la conciencia. No decimos "no" por miedo al qué dirán, no ponemos límites por sentir vergüenza, dejamos que otros nos controlen o confiamos solo en nuestro propio discernimiento, y enfrentamos conflictos por nuestra incoherencia, imprudencia y debilidad.

Sean cuales fueren las decisiones que necesitas tomar, analiza todas las dimensiones y somete tu voluntad a la de Dios, que está establecida en su Palabra. Nunca te arrepentirás de esas decisiones.

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