PEDIR LA MUERTE - 2
Mujeres · Del libro Sublime Belleza
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¿Qué haces aquí, Elías? (1 Reyes 19:9).
En esa dura prueba, ¡Dios no había abandonado a Elías! Él lo amaba y lo cuidaba como siempre lo había hecho. El corazón divino estaba lleno de compasión por su siervo fiel y asustado que corría por el desierto, se escondía y se adormecía por el cansancio.
Dios envió a un ángel que tocó suavemente a Elías y lo despertó. Pero el profeta estaba tan asustado que, en un sobresalto, imaginó que su enemigo lo había encontrado, y estaba listo para huir nuevamente.
¡Cuánto nos engaña nuestra imaginación! ¡Cuántas veces sobreestimamos nuestros problemas y subestimamos el poder divino! Elías percibió que quien estaba a su lado no era un enemigo. El ángel le mostró el alimento en su cabecera: un pan cocido sobre las brasas y un jarro de agua.
Después de comer, Elías se volvió a dormir. Por segunda vez, el ángel lo despertó y le ofreció más alimento. Tendría un largo camino que recorrer. Ahora, bien nutrido y despierto, Elías caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, donde encontró refugio en una cueva.
Dios lo encontró, y le preguntó que hacía allí. Después le recordó sus intervenciones milagrosas. Elías se quejó. Había sido celoso y fiel contra el paganismo, y jahora la mujercita del rey quería matarlo!
Dios le mostró al profeta que la elocuencia, la lógica y las demostraciones estruendosas de la verdad no eran, necesariamente, las maneras más convincentes para convertir a las personas perdidas, sino la obra silenciosa del Espíritu Santo.
Elías dejó de reclamar y comprendió que, antes de completar su obra, debía aprender a confiar enteramente en Dios. Entonces, volvería a Israel y seguiría su trabajo.
¿Estás angustiada por los problemas de la vida? En esos momentos Satanás intenta recordarnos nuestros errores y hace que desconfiemos de Dios y dudemos de su amor, para apartarnos de él. Dios te pregunta: "¿Qué haces aquí desanimada en un rincón? Yo te di una tarea. Muchas personas necesitan conocerme. ¿Quién te ordenó que te escondieras allí?". Y él nos muestra su ayuda.
"Si nuestra visión espiritual pudiese despertarse, veríamos almas agobiadas por la opresión y cargadas de pesar, como un carro de gavillas, a punto de morir desalentadas. Veríamos ángeles volar prestamente en ayuda de estos seres tentados, para rechazar las huestes del mal que los rodean y colocar sus pies sobre el fundamento seguro" (Elena de White, Profetas y reyes, pág. 130). ¡Confía en la dirección de Dios y prosigue sin miedo!