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Trampa dorada

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Hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría (Colosenses 3:5).

Había estado casada y se había separado de su esposo con quien tenía un hijo. Joven, bonita, puso a prueba su capacidad para seducir con un hombre casado. Él era una líder de la iglesia y se dejó atrapar. Al descubrir los encuentros furtivos y las mentiras, la esposa de este hombre, que había sido traicionada, se enfermó. Pero la relación ilícita se consumo.

Cuando la conocí, hacía algunos años que estaban casados. Intentaban ostentar un casamiento feliz, pero había una nota de culpa e insatisfacción.

Nos mudamos a otra ciudad y regresamos varios años después. El pecado no florece sin cobrar un precio elevado. Su rastro de destrucción arrastra a inocentes y culpables, sin piedad. Con el tiempo, esa mujer me contactó. Tenía crisis de depresión y ansiedad. La culpa la carcomía. Aun cuando había sido perdonada por la exesposa traicionada, se sentía responsable por su muerte prematura, resultado de complicaciones psiquiátricas desencadenadas por la separación.

Yo la aconsejaba y orábamos juntas. Hizo terapia y la llevamos al psiquiatra. Pero su carga era demasiado pesada. Su vida financiera se derrumbó al descubrir que su esposo sustraía su dinero furtivamente. Ella misma fue perdiendo todo: independencia, salud y el resto de la alegría y, finalmente, cuando no soportó más el dolor de vivir, tomó una sobredosis de medicamentos.

Luchando entre la vida y la muerte, en los pocos días que le restaban, pidió perdón a Dios y se arrepintió. Entonces, murió.

Durante las largas conversaciones que tuvimos, me dijo varias veces: "Mirian, me gustaría que escribas esta historia para advertir a otras mujeres. No me gustaría que otras pasen por lo que estoy pasando. Fui necia. Me dejé cegar por las tentaciones del diablo. Y pago caro por esto".

Un día la voy a reencontrar en el cielo, linda, perdonada e inmaculada por la sangre de Jesús.

Usando los más diversos artificios, Satanás esclaviza a las personas descuidadas en su trampa dorada. Algunas se sienten atraídas por la sensación placentera de la pasión ilícita. Envueltas en ella, se dan cuenta tarde que la tal trampa es mortal, y que lo que resta es dolor, sufrimiento y destrucción. Vigilemos, oremos y huyamos de la trampa dorada del diablo. Es dorada al comienzo, pero al final conduce a la muerte.

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