Atropellados por la Vida
Mujeres · Del libro Sublime Belleza
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados (Efesios 2:4, 5).
Estábamos conversando con mi primogénita y mi yerno en el auto avanzando a baja velocidad, cuando vimos el gato que había sido atropellado por el auto que iba delante de nosotros. El pobre animalito se retorcía, desesperado de dolor. Detuvimos el auto y corrimos al medio de la calle. Él reaccionaba cada vez menos, suspiraba fuerte y dejaba caer su cabecita sobre el charco de sangre. Sus ojitos, boca y nariz sangraban...
Sentimos dolor y no sabíamos qué hacer a esa hora de la noche. "Tuvo muerte cerebral". "Hemorragia interna". "Se fracturó el cráneo". Sin entender de "gatología", hacíamos los diagnósticos.
Entonces, tomamos a la criaturita en brazos y lo pusimos en la vereda. En un intento por preservarle la vida, acariciamos su espalda y movimos su cabecita: abrió los ojos, con mucho esfuerzo movió un poco el pescuezo y dio un suspiro, expulsando la sangre que le impedía respirar. "¡Está vivo!". Pusimos al gatito en una caja y lo llevamos a casa. Mi hija limpió la sangre, y él siguió intentando respirar.
Mientras cuidábamos al animalito, nos miraba con sumisión. Me quedé pensando: "Es solo un animalito, y sufrimos al verlo sufrir..."
Imagina cuánto deberíamos amar a las personas que, como ese pobre gatito, fueron cruelmente atropelladas por las circunstancias de la vida o por sus decisiones equivocadas y yacen agonizando en el asfalto emocional, cegadas por el dolor, esperando a que alguien las saque de la calle para no correr el riesgo de ser nuevamente atropelladas, alguien que limpie sus heridas, que les dé cariño y les muestre que hay cura y esperanza.
nis ¿Recuerdas la parábola del hijo pródigo, que fue recibido y bienvenido por su padre? Así es el amor de Dios.
¡Mira a tu alrededor! ¡Hay muchos hijos pródigos necesitando de ti! Sigamos el ejemplo de Cristo y ofrezcamos nuestro amor. Puede ser que algunos nos rechacen a nosotros y al amor ofrecido por Dios, pero nuestra misión es amar como Cristo amó.
om Al día siguiente, el pequeño paciente seguía en la caja donde lo habíamos puesto. Respiraba mejor y nos miró, como diciendo: "¡Gracias!". Un día, en el cielo, también alguien nos buscará y, después de un largo abrazo, dirá: "¡Gracias por haberte preocupado por mí y por haberme contado de Cristo y de la gracia que me salvó!".