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¿Ya escuchaste a algunas personas quejarse por la vida desorganizada? Muchas veces, es la propia casa y la rutina los que están hechos un desorden; tal vez, las relaciones familiares también estén tensas por la desorganización.
Pero, hay una casa cuyo orden es más importante que todos los demás: la casa interior. ¿Por qué es tan importante poner en orden esa casa?
Nuestra casa interior puede estar llena de distracciones, aunque sean de las legítimas. Sin embargo, necesitamos estar atentas para que no ocupen el espacio de Dios.
Otra cosa que impide la presencia de Cristo en nuestra casa interior es el pecado que resiste intencionalmente a la santa presencia y a la plenitud que viene de Dios. El pecado impone un desorden tal de principios, prioridades y valores que todas nuestras decisiones quedan comprometidas. Una casa interior organizada determina nuestro mundo exterior: relaciones, satisfacción profesional, etc.
Muchas personas se engañan pensando que, cuanto más conocen de la Biblia y más participan de programas, más convertidas estarán. Pero, aun el exceso de conocimiento y actividades religiosas puede estar ocupando el espacio que pertenece a Dios.
A lo largo de la historia bíblica, en algún momento de la vida, muchos necesitaron reorganizar su casa interior, dejando atrás creencias distorsionadas de autosuficiencia y de la falta de confianza en Dios.
La búsqueda por el orden interior a veces es una batalla solitaria que remueve nuestras más ocultas motivaciones, en nuestros sentimientos y en los pensamientos que cultivamos, en la forma como administramos nuestro tiempo.
Anne, la esposa del aviador Charles Lindbergh, escribió: "Lo que más anhelo es estar en paz conmigo misma. [...] En verdad, quiero vivir en estado de gracia todo lo que pueda. Ese estado quiere decir una armonía interior, esencialmente espiritual, que pueda manifestarse en armonía exterior. Tal vez quiera lo mismo que Sócrates, cuando hizo la oración de Pedro: "Que mi hombre exterior y el hombre interior sean uno solo". Me gustaría alcanzar un estado de gracia espiritual interior que me posibilite actuar y contribuir, tal como Dios querría que lo hiciera".
¿Cómo está tu casa interior? Cuídala bien para que tu Huésped de honor pueda estar allí, capacitándote para soportar las presiones de la vida exterior, dándote paz y plenitud.