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Manzanas de Oro con INCRUSTACIONES DE PLATA

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Como manzanas de oro con incrustaciones de plata son las palabras dichas a tiempo (Proverbios 25:11).

Necesitamos medir nuestras palabras antes de proferirlas. ¿Serán edificantes o no? ¿Van a elevar al otro o a rebajarlo, humillarlo y desmotivarlo?

No siempre sabemos en qué oídos caerán nuestras palabras. Tal vez alguien esté pasando por un momento difícil, y una palabra pueda marcar la diferencia cuando tome una decisión para bien o para mal. Las palabras deben estar bajo el gobierno de la razón y no de las emociones.

En cierta oportunidad, la esposa de un anciano estaba molesta con las aproximaciones indebidas de una hermana de iglesia en relación con su esposo.

Aun cuando no estaba de acuerdo con la actitud de la hermana, la esposa del anciano entendía que las personas que actúan así tienen problemas consigo mismas y decidió sorprenderla. Al encontrarla en la iglesia, tocó gentilmente su brazo y le dijo: "Hermana, usted es muy especial". Su rostro se iluminó.

Después de un tiempo, la esposa del anciano invitó a la mujer para orar juntas en un culto de oración. La mujer entonces habló antes de la oración: "No imaginas la diferencia que hicieron tus palabras en mi vida. Tengo un marido que me humilla con palabras ofensivas. Eso hace que me sienta insegura y necesitada de afirmación. Sé que tuve actitudes indebidas. Pero esas palabras me hicieron reflexionar. Decidí buscar más a Dios para ser realmente mejor y especial". Las palabras sabias dichas a su tiempo marcan una gran diferencia.

La comparación de Salomón en el texto de hoy se refiere al lenguaje asertivo que debe expresar sentimientos buenos y malos, fragilidades personales, concordancia y discordancia, dolores y heridas del alma sin agredir, acusar o faltar el respeto al otro, en el tiempo y de la manera correctos. Cuán distinto sería todo si aprendiéramos a decir la palabra correcta a su debido tiempo. Cuántas heridas evitadas, malentendidos aclarados y relaciones fortalecidas. Palabras envenenadas y dichas fuera de tiempo matan casamientos, relaciones entre padres e hijos, entre hermanos y entre amigos. Aún pueden matar la relación con Dios y la relación de la persona consigo misma. Y, por fin, matan lo físico, pues las buenas interacciones son grandes indicadores de salud y longevidad.

¡Que Dios te dé sabiduría para usar palabras que edifiquen, incluso cuando sean dirigidas a personas difíciles, que juzgan, rechazan y critican!

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