|
En un orden más directo, este versículo quedaría así: "Primero, ámate a ti mismo. Entonces ama a tu prójimo como extensión de ti mismo".
Amar al prójimo implica saber amarme a mí misma, no de manera egoísta, sino reconociendo mi valor delante de Dios.
Infelizmente, muchas mujeres no experimentaron aún ese amor propio enseñado por Jesús. Son como perros callejeros, mendigando elogios aquí y allá, reconocimiento aquí y allá, popularidad aquí y allá; miden su valor de acuerdo con la aceptación de los demás, permitiendo que controlen su paz, su alegría y su contentamiento, postrándose fácilmente frente a la crítica.
Cuanta más popularidad, ¿más aprobación y amor? Eso es un engaño. Un elogio puede ser sincero, pero puede ser una trampa. Por eso, no siempre es confiable. Los manipuladores y malintencionados suelen elogiar para alcanzar sus objetivos.
Ser elogiada no significa necesariamente ser amada, como tampoco ser criticada significa necesariamente no ser amada.
Caminar por el camino de los "perros callejeros sin dueño" puede ser una decisión inconsciente; tal vez movida por rutinas vividas en el hogar de origen. El deseo constante de aplauso es un fuerte indicativo de un frágil amor propio.
¿Cómo ve Dios a sus hijos que sufren por falta de amor propio? "El Señor se chasquea cuando su pueblo se tiene en muy baja estima. Desea que su heredad escogida se estime según el valor que él le ha atribuido" (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pág. 621).
Dejemos de buscar aplausos y depender del reconocimiento. Nuestro valor no depende de eso. Si Dios dio su propia sangre para confirmar nuestro valor, ¿qué pequeño aplauso o elogio es capaz de tener el mismo efecto? Aceptemos el valor que ya posemos y no demos a nadie el poder de controlar nuestra vida, nuestros valores, nuestras creencias, nuestros sentimientos y nuestro propio yo: ni a las personas que nos aman. Y experimentemos la sensación de libertad: aquella que no depende de lo que los otros van a decir aunque nos desaprueben o nos adulen-, sino de aquello que nosotras sabemos que tenemos que ser.
De esa manera, estaremos cumpliendo la parte del mandamiento "como a ti mismo".