|
Es común confundir condenación con exhortación. Tal vez, el emisor pueda entenderlo como una exhortación, pero quien recibe el mensaje puede interpretarlo como una condenación o un mal juicio. ¿Qué diferencia hay entre exhortación y condenación?
La condena es una sentencia o decisión definitiva proferida por el juez, quien reconoce la culpa de alguien. Al ejercerla entre nosotros podemos tener un propósito equivocado y destructivo.
La exhortación significa amonestar, advertir, avisar, aconsejar, rogar... Bíblicamente, tiene un propósito espiritual. Así, dependiendo de la situación, exhortar implica enseñar a alguien a obedecer a Jesús; aconsejar a quien tiene dudas o necesita de dirección; motivar a quien está sintiéndose deprimido o desilusionado; consolar a quien está triste o sufriendo; ayudar a quien está en dificultades; y reprender a quien está haciendo cosas equivocadas y necesita arrepentirse.
De acuerdo con el versículo de hoy, refiriéndose a los líderes, Elena de White dijo: "Con demasiada frecuencia el objeto de su odio es el que predica fielmente la Palabra de Dios y así condena sus pecados. No queriendo soportar el dolor y el sacrificio necesarios para reformarse, se vuelven contra los siervos del Señor, y denuncian sus reprensiones como intempestivas y severas. Como Coré, declaran que el pueblo no está en falta; quien lo reprende es causa de toda la dificultad. Y aplacando su conciencia con este engaño, los celosos y disconformes se combinan para sembrar la discordia en la iglesia y debilitar las manos de quienes la edificarían" (Patriarcas y profetas, pág. 428).
La exhortación no es un trabajo exclusivo de los líderes. La Biblia dice que debemos exhortarnos y edificarnos los unos a los otros.
El objetivo de la exhortación es ayudar al otro, en amor, a seguir a Jesús fielmente. Pero es necesario estar en sintonía con la voluntad de Dios para que el emocionalismo no transforme la exhortación en intercambio de ofensas.
David, Herodes, Jezabel, Manasés y Pedro fueron exhortados. Unos se humillaron y se arrepintieron. Otros endurecieron su corazón y se entregaron al diablo.
¿Fuiste exhortada? ¿Aceptaste la exhortación, aunque fuera dolorosa, o preferiste decir que te estaban condenando? ¿Será que en alguna ocasión condenaste a alguien bajo el pretexto de estar exhortando? Reflexiona seriamente en esto.