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Cati era una adolescente cuando fue al convento. Allí conoció folletos escritos por el monje Lutero. Un día Cati le dijo a su tía, monja, que no tenía paz interior, ni quería confesarse al padre. Entonces la tía y las chicas que no deseaban más permanecer en el convento escribieron al doctor Lutero.
Este le solicitó ayuda a un amigo comerciante. Cierto día, once monjas y la tía de Cati saltaron por la ventana, y se escondieron junto a los barriles de pescado salado que habían sido vaciados por la cocinera. Lutero consiguió que todas se casaran. Tiempo después, Cati, con 26 años, y Lutero, con 42, se casaron y fueron a vivir al monasterio de Wittenberg.
Cuando nació su primer hijo, Juan, Lutero dijo: "Cati ¡cuán enojado estará Satanás! Él quería eliminarme; ahora tengo una razón más para vivir: enseñarle a este niño a seguir mis pasos".
En su juventud, Lutero había maltratado su cuerpo con crueles castigos. Debido a esto se debilitó. Por eso, Cati le daba alimentos simples y remedios caseros.
Los problemas de la iglesia recién reformada eran una constante preocupación para Lutero. Cati trataba de darle ánimo, a veces, en vano.
Cierta tarde, Lutero encontró a su esposa vestida de negro. Entre lágrimas le dijo: "¿No sabes que Dios está muerto?". Lutero se rio, pero Cati insistió: "Amado doctor, Dios está muerto, de lo contrario no estarías tan desanimado. Siempre dices que nuestro Padre cuida de nosotros, pero no consigues sonreír ni comer". Lutero abrazó a Cati y le dijo: "¡Dios me dio a ti, porque necesitaba una mujer sabia!".
Viendo que su marido estaba cada vez más cansado y sobrecargado, Cati lo distraía con cenas y paseos al aire libre. También lo convenció de comprar un terreno para carpir con sus hijos. El aire puro y los ejercicios renovaron sus fuerzas.
Las cuestiones de la Reforma llenaban a Alemania. Poco después de haber pasado días agradables con su familia en Zülsdorf, Lutero fue llevado a una misión importante y allí falleció. Después de años de luchas, Cati descanso también, pero uno de sus hijos ya era un predicador; otro, médico; y la hija estaba casada con un noble.
Catalina de Bora fue fiel a sus convicciones, y Dios le dio una misión especial. Si Dios te dio un compañero, él es también tu misión. Y con Dios tendrás grandes victorias.