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Allí estaban los tres jóvenes que temían a Dios: Ananías, Misael y Azarías. Cuando fueron llevados a Babilonia, sus nombres relacionados con la adoración a Dios habían sido cambiados por nombres que se conectaban con un dios pagano. Sus opresores querían cambiarles el carácter y las convicciones.
Y llegó el día de la prueba de fidelidad al Dios a quien habían sido enseñados a adorar.
No se les exigía mucho: simplemente arrodillarse frente a la estatua del rey. Podrían haber sido un poco "flexibles", arrodillándose, pero justificándose con la idea de que, en realidad, sus corazones se mantenían fieles al Dios del cielo.
Ellos decidieron desobedecer al rey para ser explícitamente fieles a Dios. El horno fue calentado siete veces más de lo acostumbrado, pero permanecieron firmes en su decisión. Aun bajo la terrible amenaza, no se dejaron intimidar.
Imagina la osadía de esos tres jóvenes hebreos, mirando a los ojos del rey y hablando con voz firme y determinados a pagar el precio: "Mira, rey, no nos vamos a defender aquí. Nuestras convicciones son estas y no estamos dispuestos a negociar. ¡Aun cuando seamos quemados!". ¡Qué tremenda entrega a Dios!
Los tres muchachos ya estaban decididos a ser fieles, independientemente de los resultados. Esta historia fortalece nuestra confianza en Dios. Pero, también, es una profecía de lo que ocurrirá en el futuro: nuestra fidelidad será probada y conseguiremos salir victoriosas si nuestra convicción fue definida anticipadamente.
No es en el momento de la crisis cuando adquirimos convicciones. La crisis simplemente va a revelar nuestro carácter y nuestras decisiones. Definimos las convicciones antes de la crisis. Muchas veces podemos enfrentar dilemas para elegir si seguiremos o no en nuestra zona de confort, o si nos mantendremos fieles a nuestras convicciones. En ciertas cuestiones deberíamos estar convencidas de antemano, si estamos dispuestas a pagar o no el precio. Piensa, ¿le has fallado últimamente a Dios? ¿Eres fiel en guardar el sábado, en tus ofrendas, en tus diezmos y en la pureza de pensamientos? Piensa seriamente en tus convicciones. Estas definirán tu destino eterno.