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Betania quedaba cerca de Jerusalén. Allí vivían Marta, María y Lázaro, amigos de Jesús. Cierto día, él se hospedó con ellos.
Marta apreciaba mucho la presencia de Jesús, era hospitalaria y se sentía honrada en recibirlo. Corriendo todo el tiempo para darle lo mejor, no conseguía tomarse un tiempo para escucharlo. E, incómoda, cuando vio a María sentada a sus pies, le pidió que la reprendiera. Jesús entonces le respondió, como leemos en el versículo de hoy.
Aparentemente, el Maestro estaba resolviendo una simple cuestión doméstica entre hermanas, en la cual, la mayor se sentía sobrecargada y la otra no hacía nada. Pero aquella cuestión tenía que ver con consecuencias eternas.
El problema no era el trabajo de Marta, sino la prioridad que le daba a él. Su problema tenía que ver con el equilibrio y las prioridades.
Jesús no la censuró por preparar las cosas para él y sus discípulos. Si hubiera dejado todo, habrían pasado hambre. Pero no vivimos solo de pan. Alimentar el espíritu es tan importante como alimentar el cuerpo.
Como mujeres, tenemos rutinas que cumplir: el trabajo, el alimento, la casa, nuestro esposo, nuestros hijos. Fácilmente, podemos transformar lo que es un medio para vivir en un fin en sí mismo. Cuando transformamos algo de menor importancia en lo principal en la vida, lo que antes era inofensivo puede transformarse en una piedra de tropiezo.
Jesús advirtió a Marta sobre riesgo de despreciar lo que María había escogido, ya que había intentado imponer sobre ella su sistema de valores. No subestimó la bondad y hospitalidad de Marta, pero le enseñó a simplificar el servicio para tener tiempo para él.
Cuando puso como prioridad escucharlo, María eligió lo mejor. Eso no la excluía de realizar después sus responsabilidades domésticas también. El alimento era necesario, pero Marta podría haber simplificado su prisa por hacer tantas cosas para tener tiempo para aprender de Cristo.
Jesús no fue duro con Marta. Las "Martas" son útiles y necesarias, y la iglesia estaría arruinada sin ellas. Pero en cuanto a priorizar las cosas, María fue más asertiva. El trabajo de Marta era necesario, pero María recibió mayor notoriedad porque la perspectiva de Marta necesitaba cambiar.
Como hijas de Dios, necesitamos ser como Marta. Antes de eso, entre tanto, debemos ser como María. Ser como María es lo que nos preparara para poder ser como Marta en la dimensión y proporción correctas.