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¿Dolor o Sufrimiento?

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A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban (Hechos 16:25).

Los estudiosos modernos ven el sufrimiento como una reacción evitable. Cuando somos heridos, respondemos con dolor, un recurso del organismo para protegernos. Pero, según el doctor Belisario Marques, "el sufrimiento es una reacción que depende de la interpretación, evaluación y actitud, frente al dolor. [...] Entonces, el sufrimiento varía de acuerdo con la persona. Siendo consecuencia de la interpretación de la reacción, el sufrimiento es pasible de alteración, reformulación, negociación y comprensión".

Pablo y Silas ejemplificaron la diferencia entre dolor y sufrimiento. Mientras llevaban el evangelio al mundo, pasaron por una ciudad donde vieron a una mujer poseída. Usada por los demonios, adivinaba, y eso rendía buenas ganancias a sus dueños. Cuando fue liberada de esos malos espíritus y restituida su razón, sus señores se llenaron de ira y, unidos a otros que también lucraban con engaños satánicos, condujeron a los apóstoles, a los magistrados, como perturbadores de la sociedad.

Pablo y Silas fueron rodeados por una turba que rasgó sus vestiduras y exigió que los azotaran. Duramente castigados, los fieles apóstoles fueron presos bajo estricta seguridad.

A pesar de las heridas entumecidas y sangrientas de los azotes y de la posición en la que estaban, no sobreestimaron su sufrimiento. "En vez de eso, en la completa oscuridad y desolación de la mazmorra, se animaron el uno al otro con palabras de oración, y cantaban alabanzas a Dios por haber sido hallados dignos de sufrir oprobio por su causa. Sus corazones estaban alentados por un profundo y ferviente amor hacia la causa de su Redentor" (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pág. 176).

Los prisioneros y los guardias se espantaron al oír las oraciones e himnos en lugar de gritos e insultos, y quisieron saber quiénes eran esos que reaccionaban así al dolor.

Reconociendo la injusticia cometida, los líderes decidieron librarlos en secreto la siguiente mañana. Pero, atento a sus amados, Dios envió un terremoto que abrió las puertas de hierro de la prisión y las cadenas de los prisioneros. Pablo y Silas fueron liberados, cuidados y curados por el carcelero que aceptó al Dios de ellos.

Cuando sufrimos dolor es difícil elegir no sufrir. Pero, en el futuro, practica esta habilidad. Al tener un gran propósito en la vida, como Pablo y Silas, sentirás dolores, pero verás el sufrimiento bajo otra perspectiva. No te rindas ante él.

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