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Por Detrás de UN NIETO PIADOSO

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Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida, a tu madre Eunice y ahora te anima a ti. De eso estoy convencido (2 Timoteo 1:5).

Timoteo fue el colaborador más cercano y uno de los asociados más responsables del apóstol Pablo, y lo ayudó a cuidar a diversas congregaciones desparramadas por el mundo griego. Venía de un hogar dividido por la religión: madre judía y padre griego. Por lo tanto, conocía dos cosmovisiones muy distintas: el paganismo y el monoteísmo.

La Biblia menciona, además de la madre de Timoteo, a su abuela, como una influencia en su caminar cristiano. Loida era una judía devota que vivía en Listra, en Asia Menor. Había educado a su hija Eunice en el judaísmo. Abuela, madre y nieto se convirtieron al cristianismo, probablemente en la primera visita de Pablo y Bernabé a Listra.

Cuando le escribió las cartas a Timoteo, Pablo estaba preso en Roma, a la expectativa de que Nerón ordenara que lo ejecutaran en cualquier momento. Sentado, día tras día en su celda, el anciano apóstol se preocupaba por Timoteo, y lo llamó.

Desde su conversión, el muchacho había tomado parte activa en el ministerio, y los dos se volvieron grandes amigos. Como Pablo no tenía hijos, Timoteo se volvió un motivo de alegría para el anciano y agotado apóstol. Pero, ocupado como estaba en la iglesia de Éfeso, Timoteo necesitó varios meses hasta que pudo llegar a Roma. Pablo temía no conseguir reencontrarlo y tenía importantes orientaciones para darle. Por eso, le escribió cartas a Timoteo. En una de ellas, en la cual está el versículo de hoy, Pablo hizo mención del ejemplo piadoso que Timoteo había recibido.

Aun cuando la relación entre abuelos y nietos varía en cada familia, una abuela cristiana tiene mucho para contribuir en la formación de sus nietos. Por causa de su experiencia cristiana, puede ser un ejemplo silencioso de piedad. Siempre y cuando respete el espacio y los límites de la familia de los hijos, la abuela puede contribuir cuando se busca su ayuda en tiempos de crisis familiar, puede asistir cuando sea posible en el cuidado de los nietos, buscándolos de la escuela, estando con ellos, contándoles historias, transmitiéndoles valores, ayudando en la educación y manteniendo el vínculo entre las generaciones.

Si eres abuela, que Dios te dé sabiduría para ser como Loida, la abuela piadosa que cumplió su misión impactando en la vida de su nieto y preparándolo para ser un siervo de Dios. Si aún no eres abuela, inspírate en este ejemplo.

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