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Norman Cousins, un periodista estadounidense, descubrió una enfermedad grave y sin cura en su columna. Cuando le restaban pocos meses de vida, permaneció un tiempo internado en un hospital. Sin embargo, al hallar ese ambiente muy triste, se mudó a un hotel, donde una enfermera contratada lo cuidaba.
Su cuerpo estaba casi totalmente paralizado, pero decidió no dejarse dominar por la tristeza. Todas las tardes recibía amigos y, juntos, veían películas chistosas, entablaban conversaciones alegres, reían y confraternizaban.
Después de esas tardes alegres y festivas, Norman comenzó a dormir mejor, tenía más apetito y más disposición para hacer los tratamientos de kinesiología. Para gran sorpresa de los médicos, se recuperó rápidamente y escribió el libro Anatomía de una enfermedad, contando cómo el buen humor lo ayudó a recuperarse de una enfermedad grave.
El mal humor puede ser consecuencia de una enfermedad, de alteraciones en el organismo, del estrés; puede ser causado por la pérdida de alguien; o puede ser un rasgo genético. Los falsos alimentos también contribuyen para el cambio de humor. "El azúcar no es bueno para el estómago. Causa fermentación, y esto anubla la mente y trae mal humor" (Elena de White, Consejos sobre el régimen alimenticio, pág. 361).
El buen humor estimula la creatividad, el mal humor la estorba. A veces es necesario entrenarnos hasta crear el hábito de tener buen humor.
Cuando estés irritada, recuerda cosas agradables, como la acción amable de alguien, un elogio que recibiste, un paseo agradable, la imagen de un lugar bonito, una historia graciosa, un amigo en quien confías. Experimenta la gratitud por todo lo que tienes: Tu cuerpo, la salud, las personas que se preocupan por ti, la esperanza, el cielo que nos espera. "De todas las cosas que se buscan, que se anhelan y se cultivan, no hay nada tan valioso ante la vista de Dios como un corazón puro, una disposición llena de agradecimiento y de paz" (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, pág. 552).
El buen humor genera salud. Si deseamos ser santificadas en el cielo, necesitamos practicar eso en la tierra. En el cielo no hay espacio para los malhumorados. Necesitamos desarrollar los buenos rasgos de carácter aquí.
Permite que el Espíritu Santo te conceda una disposición agradable y atrayente, y que prepare tu carácter para vivir en el cielo con Jesús.