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Prejuicio

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Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado y no lo estimamos (Isaías 53:3).

En la pequeña terminal de colectivo del interior, esperaba el colectivo que me llevaría a San Pablo. Tomé un libro e intenté leer. Entre los pasajeros, una joven de apariencia despreciable y desalineada charlaba con otras personas. Con mucho sobrepeso, vestía una blusa corta y transparente que permitía que se viera por debajo su corpiño rojo. Su falda muy corta dejaba sobras de piel que caían por arriba del cinturón. Una pierna más corta que la otra, la hacía renguear. Por el tipo de su conversación concluí que se trataba de una prostituta.

Estaba atenta al libro, cuando oí la voz de alguien que estaba pidiendo. Sinceramente, no quería ser interrumpida por nadie, pero ya no pude seguir leyendo.

El que estaba pidiendo decía a todos: "Por favor, ¿podría pagar mi pasaje hasta Cosmópolis? Si quiere darme el dinero, puede dármelo pero, si quiere comprar el pasaje y dármelo, también puede hacerlo. No voy a comprar alcohol. Es que estoy cansado, muy cansado. Si pudiera acostarme aquí mismo, me acostaría. No aguanto más caminar..."

Entonces una chica le dijo:

-Espere a que el colectivo llegue. Le voy a pagar en el pasaje. -Pero, señorita, ¿va a pagar el pasaje para mí? -preguntó él. -Sí.

-Entonces voy a ver el precio y le digo. Pero ¿puedo realmente confiar? El hombre salió satisfecho.

Levanté los ojos del libro y vi a un señor de unos setenta años, con barba y cabellos blancos. No olía a caña. La ropa estaba polvorienta, y tenía varias bolsitas cargadas.

Entonces el colectivo partió. Sentada en el banco de la terminal, cerré el libro. Ya no me interesaba tanto. Me sentía avergonzada. La chica que había comprado los pasajes era la misma a quien había juzgado por su apariencia.

A veces, Dios nos sorprende con lecciones que provienen justamente de aquellos a quienes marginalizamos por prejuicio y arrogancia, pero son muy amados por Dios. Finalmente, él también sufrió el prejuicio y el desprecio. Como cristiana ¿cómo tratas a esas personas marginadas?

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