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El Reencuentro

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Verán entonces al Hijo del hombre venir en una nube con poder y gran gloria (Lucas 21:27).

Muy temprano ya estábamos en la ruta. Hacía un año que nuestra hija menor estaba muy lejos. La nostalgia era enorme. Gracias a la tecnología, charlábamos y nos veíamos. Pero no era como estar cerca, tocarla, sentir su perfume, abrazarla y besarla.

Llegamos unos treinta minutos antes del horario de aterrizaje y fuimos al lugar de desembarque. La ansiedad nos cerraba la garganta. Nuestros ojos lagrimeaban al pensar que la tendríamos con nosotros. Alrededor, otros se acomodaban en el pasillo donde los recién llegados arrastraban sus valijas y eran recibidos por alguien o entonces seguían su camino. Globos, ramos de flores, regalos en las manos. Cada uno tiene su manera de recibir a sus seres queridos. Nosotros teníamos un ramo de flores, y la ansiedad. El tiempo pasaba. "¿Dónde se metió Juli? ¡Qué demora!".

Entonces vino. Sonriendo. Arrastrando sus grandes valijas. Salí corriendo para abrazarla. Fue un abrazo largo. Lágrimas de alegría caían. ¡Había regresado! Nuestro corazón de papá y de mamá estaba lleno de emoción. Si pudiéramos, nunca más la dejaríamos salir de casa.

¡Con cuánta ansiedad Dios nos espera hace más de dos mil años! Él está preparando todo con mucho esmero. ¿Puedes imaginarte ese reencuentro? De solo pensar en ese día tan especial me emociono.

Cuanto más tiempo pasa, más nos ama. Su carta de amor y bondad repite innumerables veces su nostalgia y sus planes para cuando nos encontremos. Fíjate en esta descripción: Entonces "aparece en el este una pequeña nube negra, cuyo tamaño era más o menos la mitad de la mano de un hombre. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de oscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la Tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es una gloria como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un poderoso conquistador" (Elena de White, El conflicto de los siglos, pág. 698).

¡Cuán glorioso será ese reencuentro para los que lo amaron y se prepararon! Finalmente estaremos para siempre junto a nuestro amado Creador y Salvador. Nunca más nos vamos a separar de todos aquellos que tanto amamos. ¡Volvamos pronto a casa!

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