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Adán había pecado contra Dios y sufría con el miedo, la culpa y la vergüenza. Entonces se escondió cuando fue confrontado por el Creador, acusó a su esposa y actuó como si hubiese sido tratado injustamente. Claro que Adán sabía que había actuado mal y que su sufrimiento era la consecuencia de sus propias acciones, solo que no quería asumirlo.
La Biblia dice que Job era íntegro y justo, temía a Dios y evitaba el mal. Y el sufrimiento le llegó de sorpresa. Consciente de sus actos e intenciones, sinceramente Job no sabía por qué sufría semejante dolor, pero confió en la soberanía divina.
Quizás estés pasando por una injusticia. Vives rectamente como Job y, aun siendo pecadora, sufres sin haber hecho nada que justifique lo que te está pasando. Confía en la sabiduría divina. Pero, si estás sufriendo como Adán, huyendo, escondiéndote bajo excusas sin sentido, haciéndote la víctima, recuerda que ese sufrimiento es consecuencia de tus elecciones. No hay persecución ni injusticia.
Si estás sufriendo las consecuencias de algún pecado-sin importar hace cuánto tiempo o qué tan grave sea-, recuerda el consejo de Job en el versículo para hoy.
Puedes intentar ocultar tus errores y hasta tener a quien te defienda, pero jamás puedes esconderte del Omnipresente y Omnisciente que todo lo sabe. Cuando se insiste intencionalmente en aquello que es pecado, hay un agente de Dios recordando que es necesario arreglar las cuentas con él.
En vez de huir, reconoce, delante de Dios, tu falta, pues "Feliz es el hombre a quien Dios corrige; por tanto, no menosprecies la reprensión del Todopoderoso" (Job 5:17). Dios siempre busca a cada hijo e hija, ofreciendo perdón y regeneración.
Aun cuando ese proceso sea doloroso, es eficaz, pues trata al pecado como pecado y provee al pecador el remedio indicado, sin el cual no habrá verdadera cura.
Sin ese reconocimiento, ni siquiera Dios puede hacer algo por nosotros. Adán reconoció su pecado, se arrepintió y Dios lo aceptó. Sé honesta contigo misma. ¿Tu sufrimiento es injusto como el de Job? ¿O es, más bien, justo como el de Adán?
El capítulo 5 de Job termina diciendo: "Esto lo hemos examinado y es verdad. Así que escúchalo y compruébalo tú mismo" (v. 27). Ese es un buen consejo. Debemos ponerlo en práctica.