|
A los ocho años, Joni cabalgaba ágilmente sobre Viento, su caballo. Junto a la naturaleza, en Baltimore, Maryland, tuvo sus primeras vislumbres de un Dios amoroso que se preocupaba por ella. En un campamento cristiano, después de escuchar decir que Dios la amaba tanto, Joni se entregó a Jesús.
Joni tenía diecisiete años cuando, en una tarde calurosa de julio, fue a nadar con su hermana. Sin observar la profundidad del agua, saltó de la balsa, se golpeó la cabeza y sufrió una fractura cervical. Pasó varios meses en un tipo de tabla: un tiempo con la espalda hacia arriba, otro con la espalda hacia abajo. Y supo que quedaría tetrapléjica. Deprimida, reclamó a Dios y dijo que no oraría más.
El cariño y la dedicación del equipo médico, de su familia y de sus amigos que la acompañaban y oraban diariamente por ella la ayudaron a superar su pérdida. Si no había esperanza de volver a caminar algún día, podía tener una certeza: ¡Dios estaría siempre a su lado!
Después de conocer a Tom, un tetrapléjico aún más limitado que ella que escribía con un lápiz entre los dientes, Joni comenzó a dibujar con la boca. En sus dibujos ponía las letras "PTL", iniciales de la expresión Praise the Lord [¡Alabado sea Dios!].
Joni aprendió a esperar en Dios. Pronto llegaron las invitaciones para compartir su testimonio de resiliencia en la desgracia. En 1976, su libro Joni, fue publicado y traducido a varios idiomas.
Se recibió de abogada y maneja su propio auto. Quince años después del accidente fundó la organización "Joni y amigos" para ayudar a portadores de necesidades especiales. Joni Eareckson Tada está casada hace más de treinta años y ya publicó más de cuarenta libros. Es una conferenciante internacional y compositora.
Puede que no estés en una silla de ruedas como Joni, que ya cumplirá 75 años este año, pero puede ser que estés enfrentando pruebas, aflicciones, inseguridad y miedo. Hay muchas promesas en la Biblia dándonos ánimo para depender de Dios, creer en su Palabra y realizar su obra. A veces es difícil sentirnos seguros cuando nuestros ojos están cegados por las lágrimas. Pero, cuando "de esa manera nos asimos del poder que se nos ofrece, recibimos una esperanza tan poderosa que nos permite confiar plenamente en la promesa divina; y aferrándonos a las posibilidades que hay en Cristo, nos convertimos en hijos de Dios" (Elena de White, Dios nos cuida, 20 de febrero).
Hoy te invito a aferrarte al poder que Dios te ofrece y a tener esperanza.