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La Antorcha

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Ustedes son la luz del mundo (Mateo 5:14).

El 12 de agosto de 2019 amaneció soleado, el cielo azul y nuestro mundo color de rosa! Bien temprano, recibimos la noticia del nacimiento de la pequeña Elena. Cuando llamé a mi hermano y a mi cuñada, mi voz estaba embargada de emoción. ¡Elena había nacido perfecta y llena de salud!

Elena, así como sus variaciones, Helene, Ellen, Helen, proviene del griego helene y significa antorcha' o 'luz'.

Mientras lees esta meditación, Elena está cumpliendo siete añitos y muchas oraciones suben al cielo para que sea una antorcha de Dios en este mundo. Casi doscientos años atrás, nació una niñita en una feliz y gran familia metodista de los Estados Unidos: también se llamó Elena.

Dios la había llamado desde el vientre de su madre para ser una antorcha de la verdad y, aun siendo una niña, se puso en sus manos.

A los nueve años, Elena estaba cruzando la plaza de la ciudad con su hermana gemela, cuando una niña mayor le tiró una piedra, lo que hirió su nariz. Cayó desmayada. Durante semanas, estuvo inconsciente. Durante dos años no pudo respirar por la nariz. Su rostro quedó marcado; y su salud se volvió frágil. Sus manitas temblaban tanto que casi no podía escribir. Las letras se mezclaban, transpiraba mucho y se sentía débil. Con mucha tristeza, tuvo que dejar la escuela. El accidente afectó su salud y su apariencia por el resto de su vida.

Elena tenía en el corazón la predicación del evangelio. Cuando ganaba sus moneditas ayudando a su papá, que confeccionaba sombreros, las guardaba para comprar folletos evangelísticos.

Su familia asistía a las predicaciones de pastores que predicaban en su ciudad acerca del advenimiento de Cristo. Por eso, el pastor de la familia los excluyó de la iglesia. Entonces, formaron parte de lo que se convertiría en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Elena se casó con el pastor Jaime White. Juntos, realizaron un gran trabajo. La Iglesia Adventista la considera una profetiza. Recibió aproximadamente dos mil visiones y sueños proféticos entre 1844 y 1915, año de su muerte. Su trabajo fue esencial en la formación y organización de la Iglesia Adventista. De sus escritos, fueron producidos cerca de 35.000 páginas impresas, entre libros, folletos y artículos de revistas, sin contar las centenas de cartas, sermones, manuscritos y varios diarios. Sus textos son considerados inspirados por Dios.

Aun siendo tan frágil, Elena de White aceptó ser usada por Dios y compartió la luz divina con las personas. ¿Y tú? ¿Quieres llevar la luz de Cristo a aquellos que no lo conocen?

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