Mujeres en Disputa

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

Ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor (Filipenses 4:2).

Dos mujeres fueron advertidas por Pablo en su carta a los filipenses: Evodia y Síntique.

Ellas eran de Filipos. Algunos autores sugieren que eran anfitrionas en cuyas casas se reunían los cristianos filipenses para adorar a Dios. y que estaban involucradas en la construcción de la iglesia local, alrededor del año 61 d. C. Es posible que estuvieran dispuestas a ayudar a Pablo. Pero hubo puntos de tensión entre las dos: alguna convicción doctrinaria, resentimientos no resueltos o alguna cuestión de poder.

Al contrario del resto de la sociedad griega, en la que las mujeres eran separadas y no participaban de la vida pública, en Filipos, Macedonia, las mujeres tenían personalidad fuerte. Disfrutaban de una mayor autonomía; desempeñaban papeles importantes en los negocios, en la construcción y en la fundación de templos, ciudades y fortalezas; comandaban ejércitos; ejercían cargos públicos y otras funciones.

Evodia y Síntique fueron reconocidas por Pablo como líderes, pero sus desacuerdos perturbaban la armonía y el crecimiento de la congregación. Y él las amonestó a ponerse de acuerdo. Eso significaba evitar discusiones tontas y no provechosas, y pensar más en los otros que en sí mismas.

Diferir forma parte de las interacciones humanas. Cada uno tiene sus peculiaridades, su visión y percepción de la realidad, las cuales no siempre coinciden. Las diferencias no son un mal: estas promueven nuevas alternativas. El problema es cuando suceden sin respeto, ni amor, y terminan en enemistad. Cuando disputamos con otros, deseando ser reconocidos, terminamos estorbando la obra de Dios.

Por debilidad emocional, por deseo de aparecer, por querer ser estimadas, o por ser difíciles de lidiar y por disfrutar de las discusiones, algunas "Evodias" y "Síntiques", en lugar de ayudar, terminan transformándose en obstáculos. Eso puede suceder en casa, en la iglesia, en el trabajo y en la comunidad.

Si tuviéramos la mente de Cristo, si siguiéramos el consejo de la Palabra de Dios, no insistiríamos en nuestros propios caminos; y elegiríamos lo más amoroso y edificante para el bien de los demás.

Cuando veamos que alguien está en discordia, oremos y ayudemos en la solución del problema. Así, evitemos fomentar discusiones que no edifican y que intensifican el problema.

Sé un instrumento en las manos de Dios para promover la paz, la armonía y la reconciliación.