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En nuestra sociedad, sentarse a la mesa para una comida en familia se ha convertido en un evento que no se da con regularidad. Las excepciones incluyen un almuerzo especial el fin de semana o la celebración de la Navidad. Incluso en esas ocasiones, tenemos dificultades para mantener una conversación, ya que debemos enfrentar la desleal competencia del celular y la televisión.
En los tiempos bíblicos, comer y beber representaban mucho más que la satisfacción de una necesidad física. Sentarse a la mesa era un acontecimiento cargado de significado, pues establecía el sentido de comunidad, promovía la aceptación entre las personas y expresaba alegría. Los contratos entre reyes y familias eran ratificados mediante una comida compartida. Así que, para aquella sociedad agrícola del Antiguo Cercano Oriente, la "experiencia de la mesa" tenía un sentido social, político e incluso religioso.
Cuando leemos la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, vemos que Dios es el gran Chef, aquel que sacia a sus hijos con alimentos materiales y espirituales. El Jardín del Edén, por ejemplo, era como una "gran mesa", con todo tipo de árboles frutales, incluido el árbol de la vida, el cual garantizaba la inmortalidad (Gén. 2:9).
En el Edén restaurado, cuando celebremos el gran banquete de la gracia (Apoc. 19:9), encontraremos la misma disposición de Dios para saciar a sus hijos. La Biblia dice: "Nunca más tendrán hambre ni sed" (Apoc. 7:16), pues de cada lado del río de la vida estará el árbol de la vida, "que lleva doce frutos; cada mes da su fruto" (Apoc. 22:2).
Si quieres estar allí, necesitas dejar que Jesús entre en tu corazón ahora mismo. Él se sentará contigo en la mesa para conversar amigablemente (Isa. 1:18, 19). Con una sonrisa en el rostro, Jesús te dará el pan del Cielo y el agua de la vida, símbolos de quién es él. ¿Por qué continuar sufriendo de anorexia espiritual? Solo Jesús es capaz de preparar una mesa en el desierto de tu vida y habilitarte para participar del banquete del Cielo.
Cuando te sientes en la mesa con tu familia, llama a Jesús para participar con ustedes. Algún día esa cena sucederá de forma visible, y será una gran fiesta.