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Coherencia

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Salió al día siguiente y vio a dos hebreos que reñían. Entonces preguntó al culpable: "¿Por qué golpeas a tu prójimo?" (Éxodo 2:13).

"Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga". Esta frase irónica revela la triste tendencia de algunas personas a separar las palabras de las acciones. Somos muy buenos en corregir la conducta de los demás, pero muchas veces caemos en los mismos errores que criticamos.

Cuando pienso en este tema, viene a mi mente el episodio en el que Moisés asesinó a un capataz egipcio por maltratar a un hebreo. Es cierto que el capataz abusó de su autoridad, pero no había justificación para que Moisés lo matara.

Un día después del fatídico incidente, Moisés intentó intervenir en una pelea entre dos hebreos y fue confrontado por uno de ellos: "¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Quieres matarme como mataste al egipcio?" (Exo. 2:14). La respuesta del hebreo muestra que, en la misma medida en la que juzgamos a los demás, seremos juzgados. El apóstol Pablo dijo: "En lo que juzgas a otro te condenas a ti mismo; porque tú, que juzgas, practicas lo mismo" (Rom. 2:1).

Moisés era una persona importante en Egipto. Como hijo adoptivo de la princesa, había sido educado en toda ciencia egipcia, incluida la estrategia militar. Tenía todo lo necesario para ser el próximo rey de la nación. Sin embargo, el corazón de Moisés estaba con los hebreos, a quienes llamaba hermanos (Éxo. 2:11). Estaba dispuesto incluso a abandonar las riquezas y los privilegios de Egipto para luchar junto a su pueblo sufriente. No obstante, al matar al egipcio, cometió un gran error. La liberación no llegaría por la fuerza ni por la violencia.

Elena de White comentó: "Moisés no estaba preparado para su gran obra" (Patriarcas y profetas, p. 253). Le faltaban ciertas cualidades de liderazgo esenciales para servir en la causa de Dios. Por eso, el Señor lo envió al desierto de Madián a cuidar animales durante cuarenta años. En contacto con la naturaleza, Moisés aprendió mucho de Dios, incluida la lección de la coherencia.

¿Y tú? ¿Logras armonizar tus palabras y tus acciones? Ten cuidado, porque la incoherencia puede llevarte a desiertos existenciales en los que el Señor tendrá que corregir tu rumbo. Si esto sucede, permite que el Dios de las segundas oportunidades vuelva a orientar tu vida en la dirección correcta.

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