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Traicionado Por Su Propia Belleza

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En todo Israel no había hombre tan alabado por su hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta la coronilla, no había en él defecto (2 Samuel 14:25).

Hubo en Israel un príncipe llamado Absalón. Hijo del rey David y de la princesa Maaca, tenía todo lo que un joven siempre deseó: fama, riqueza, ropa cara y una mesa repleta. Y había algo más: Absalón era el más hermoso de todo el reino. El joven tenía un cuerpo envidiable, y su cabello era largo y pesado: llegaba a pesar más de dos kilos. Me imagino que, al pasar por las calles, Absalón provocaba suspiros de admiración en las doncellas de Israel.

A pesar de haber nacido en una "cuna de oro", el príncipe no supo aprovechar las oportunidades. Se convirtió en alguien ambicioso, impulsivo y pasional. Tal vez su mayor pasión haya sido él mismo. A semejanza del personaje mitológico Narciso, quien se ahogó en su propia belleza, Absalón era un amante de su propia imagen. Fue capaz de levantar una columna en su honor y la llamó "la columna de Absalón" (2 Sam. 18:18).

La rebeldía de Absalón se manifestó cuando mató a su hermano Amnón como venganza por haber violentado a Tamar, su hermana por parte de su padre. Amnón cometió una grave maldad y debía haber sido castigado por el rey, pero su pecado no justificaba el de Absalón. La venganza del príncipe no resolvió el problema; en realidad, empeoró la situación de la familia. En su locura, el joven vanidoso y ambicioso inició un golpe político contra su padre, con el intento de derrocarlo del poder. Esta actitud absurda le costó la vida.

En 2 Samuel 18, leemos acerca de la guerra entre el hijo y el padre, una historia triste de imaginar. Las ambiciones de Absalón causaron división en el reino y provocaron la muerte de veinte mil hombres. Lo que el joven príncipe no esperaba era que, al pasar con su mula debajo de una encina, su cabello se quedaría atrapado en las ramas, dejándolo colgado del árbol. Traicionado por su propia belleza, Absalón quedó vulnerable al ataque de Joab, el general de David, quien le atravesó el corazón con tres dardos. Este fue el triste fin del hermoso príncipe de Israel.

Cuando le damos más valor al exterior, corremos el riesgo de recibir un golpe en el corazón. No siempre un lindo rostro representa un buen carácter. Recuerda que, para Dios, la belleza interior es más importante que la exterior.

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