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Nunca Estarás En Soledad

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Los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a los que tienen el corazón totalmente comprometido con él (2 Crónicas 16:9, NTV).

Ismael nació en Aracaju, Sergipe, Brasil. Desde pequeño se apasionó por la música, especialmente por las canciones del cuarteto Arautos do Rei. Siendo aún joven, se mudó a São Paulo para perfeccionar sus estudios en un famoso conservatorio musical. El sueño del joven era ser músico profesional y dominar las técnicas del violín, su instrumento favorito.

Aunque había crecido en un ambiente cristiano, Ismael se apartó de los caminos de Jesús. Los sábados, en lugar de ir a la iglesia, se quedaba acostado en el banco de una plaza escuchando música. Un sábado, escuchó a lo lejos a un coro cantando en una iglesia. Sintió curiosidad, y entró. Era el ensayo del coro de la Iglesia Adventista de Tucuruvi, en São Paulo. Desde ese día, Ismael comenzó a asistir a la iglesia, pero aún no tomaba la decisión de regresar a Cristo.

Un miércoles de noche, después de tomar algunas clases de música en Tatuí, Ismael decidió regresar a São Paulo. Abrió las ventanas del automóvil y puso un CD de los Arautos do Rei. Estaba muy cansado y la música lo fue adormeciendo. Antes de llegar a Osasco, Ismael se quedó dormido al volante y despertó asustado al ver el vehículo girando varias veces en la carretera Castelo Branco, a más de cien kilómetros por hora. Desesperado, vio la muerte de cerca.

Providencialmente, chocó con el guardarraíl en la banquina y se detuvo a pocos metros de un gran barranco. Ismael salió rápidamente del automóvil y, temblando, se sentó en el asfalto. De repente, sin saber cómo, escuchó la canción Nunca estarás en soledad, del cuarteto Arautos do Rei, sonando en el reproductor del automóvil. En ese momento, Ismael comenzó a llorar. Esta experiencia fue tan impactante que decidió entregar su vida a Jesús y bautizarse.

Algunos días después, Ismael me envió un mensaje a través de una red social para pedirme que oficiara su bautismo, pues le gustaba mucho la voz del bajo. El 21 de junio de 2015, tuve el privilegio de bautizarlo.

No necesitas pasar por una experiencia como la de Ismael para saber que a Dios le importas. Recuerda que "nunca estarás en soledad. Dios jamás te dejará. Él te puede ver. No se esconde al verte llorar".

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