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La mayoría de las personas no les presta ni la más mínima atención a sus pies. Algunos solo se acuerdan de ellos cuando surge algún problema, como una uña encarnada, un esguince o un calambre. Pero, todo el mundo sabe que un pie lastimado no es nada agradable. Por eso, debemos cuidar bien de esta parte de nuestro cuerpo. ¡Después de todo, ellos nos aguantarán por el resto de nuestra vida!
Los pies dicen mucho sobre quiénes somos. Indican, por ejemplo, nuestro esfuerzo o nuestra pereza, la higiene o la falta de cuidado, la salud o la enfermedad. Incluso, muchas expresiones populares son definidas por aspectos relacionados con los pies: pies de plomo, al pie de la letra, a pie juntillas, con buen pie o empezar con el pie izquierdo. ¿Ya escuchaste alguna de estas expresiones?
En el versículo de hoy, el apóstol Pablo elogia los pies de aquellos que anuncian las buenas nuevas de salvación. Este texto es una cita de Isaías 52:7, versículo que forma parte de una sección profética sobre la obra del Mesías. Al venir a la Tierra, Jesús fue un evangelista en la más pura esencia de la palabra. Cada paso dado, cada persona curada y cada sermón predicado fueron dedicados a servir y salvar. Imagino los pies de Jesús, polvorientos y quizá encallecidos debido a los tortuosos caminos de Palestina.
Es bueno recordar que en esa época no existían calzados cómodos, medias de compresión ni plantillas ortopédicas. El calzado más común era una rudimentaria sandalia de cuero que servía, como máximo, para proteger la planta del pie. Ciertamente, los pies de los evangelistas bíblicos no eran sinónimo de belleza ni de delicadeza. Tal vez por eso Pedro haya dudado en dejar que Jesús le lavara los pies durante la Pascua, una tarea realizada solo por esclavos (Juan 13:1-20).
Un día después de la humilde ceremonia del lavado de pies, Jesús tuvo sus pies y sus manos clavados en la cruz. Esos pies que tantas veces se apresuraron para salvar quedaron descalzos, desfigurados, heridos y colgados entre el Cielo y la Tierra. Ciertamente, esos fueron los pies más hermosos que vio el Universo.
Tal vez tus pies estén callosos debido a la misión, así como los pies de una bailarina después de terminar una actuación desafiante. Puedes confiar en que, para Dios, tus pies son hermosos y valiosos. Algún día, muy pronto, recibirán la mayor de las recompensas: caminar por las calles de oro de la Nueva Jerusalén.