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Lo recuerdo como si fuera hoy. Acababa de salir de la Iglesia Central de Río de Janeiro cuando, de repente, me encontré con un hombre alto, serio, de piel morena, con un gran sombrero en la cabeza para protegerse del sol. Sus pasos eran cortos, como si estuviera al final de un largo camino. Allí estaba el pastor Roberto Rabello, ex orador de A Voz da Profecía [La voz de la Profecía], el primer programa evangélico transmitido por radio en Brasil.
Fue la única vez que lo vi en persona. Ya lo conocía a través de los antiguos discos de vinilo que sonaban en el tocadiscos de mi padre. Además de ser reconocido por su voz aterciopelada, el pastor Rabello era admirado por su profunda consagración a Dios. Años después, más precisamente en 2005, no podía creer que mi primera función en la Red Nuevo Tiempo de Comunicación, además de cantar, fuera transcribir sus sermones.
Un hecho aún está fresco en mi memoria. En 1996, incluso antes del surgimiento de las redes sociales, una gran noticia falsa se difundió en los círculos adventistas de todo Brasil, acerca del supuesto arrebatamiento del pastor Rabello. Algunos llegaron a decir que en el lugar donde se encontraba ¡solo había quedado un par de sandalias! Obviamente, el pastor Rabello no fue llevado al Cielo, como algunos especularon.
Esta historia me hace recordar a Enoc, el personaje bíblico que también fue un ejemplo de comunión con Dios. Enoc se apartó del mundo y amaba pasar horas en oración y reflexión. Vivió de manera contraria a las costumbres de su tiempo. Mientras que los descendientes de Caín buscaban los placeres del mundo, Enoc se encontraba satisfecho al caminar con Dios. La amistad entre ambos fue tan profunda que Dios lo llamó para vivir permanentemente en su casa.
Enoc fue el primer ser humano en pasar por los portales eternos. En una visión extraordinaria, Elena de White describió: "Allí vi al anciano Enoc, quien había sido trasladado. [...] Sobre la guirnalda [en la cabeza] ceñía Enoc una preciosa corona más brillante que el Sol" (Primeros escritos, p. 70).
Cuando Jesús regrese, creo que el pastor Rabello resucitará y, como ocurrió con Enoc, ascenderá al Cielo. Allí no llevará un sombrero, sino una hermosa corona. Esta esperanza también es para ti y para mí.