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Amor (I)Limitado

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Y pido que [...] puedan comprender [...] cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo [...] que sobrepasa nuestro conocimiento" (Efesios 3:17-19, NVI).

En el versículo de hoy, el apóstol Pablo presenta una interesante paradoja: conocer el incomprensible amor de Dios. ¿Cómo es esto posible? Es como si un niño intentara sacar toda el agua del mar con un balde y ponerla en un agujero en la arena: una misión imposible. Cuando contemplamos el sacrificio de Jesús, comenzamos a comprender la magnitud del amor divino por los pecadores. ¿Cuál es la extensión de ese amor? Más vasto que el mundo (Juan 3:16). ¿Y la profundidad? Más profunda que nuestros pecados (Miq. 7:19). ¿Y la altura? La del Cielo, a donde él nos llevará (Juan 14:3).

Dios nos llama sus hijos y nos trata con inmensa ternura (1 Juan 3:1). Si solo una persona necesitara salvación, Jesús vendría a morir exclusivamente por ella. El apóstol Pablo escribió: "Por eso estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que se halla en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom. 8:38, 39).

Sin embargo, la Biblia advierte sobre el hecho de que los hijos de Dios pueden separarse de este amor. La recomendación es: "Manténganse en el amor de Dios" (Jud. 21). Lamentablemente, la iglesia de Éfeso falló en este aspecto y dejó su "primer amor" (Apoc. 2:4). Todos corremos el mismo riesgo de rechazar el infinito amor de Dios.

Cierta niña fue de paseo con su madre a un parque lleno de gente. Al llegar allí, la madre le dijo: "Hija, no sueltes mi mano por nada, ¿está bien?" Sin embargo, en determinado momento, la niña se distrajo y terminó perdiéndose. Desesperada, la madre comenzó a buscar a la niña, pero sin éxito. Horas después, un policía vino hacia ella, trayendo a la niña en brazos. ¡Qué alegría! La niña había sido encontrada. Pero, antes de abrazar a su madre, la pequeña puso las manitas en la cintura y dijo: "Mamá, ¿dónde te perdiste?"

Muchos rechazan el amor de Dios y aun preguntan: "¿Por qué me abandonaste, Señor?" ¡No caigas en este error! Decide no apartarte nunca de Jesús, y así él estará siempre contigo.

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