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Olor De Muerte

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Porque para Dios somos buen aroma de Cristo (2 Corintios 2:15).

¿Escuchaste hablar de la flor más maloliente del mundo? Es la flor cadáver, común en las selvas tropicales de Asia. Puede llegar a tener hasta 3 metros de altura y pesar hasta 75 kilos. Aunque es hermosa a la vista, es horrible para el olfato. Tiene olor a carne podrida. Lo bueno es que la flor solo se abre cada dos o tres años.

El olor que emite la flor cadáver es uno más entre los 10.000 olores que la nariz humana puede distinguir. Esto ocurre gracias a una región situada en la parte superior de las cavidades nasales, llamada epitelio olfatorio. Allí, las células sensoriales emiten impulsos que llegan al cerebro, donde se interpretan y, de hecho, se memorizan los más diversos olores.

En el versículo de hoy, el apóstol Pablo afirmó que somos el "buen perfume de Cristo" ante el mundo. Para los que son salvos, somos "aroma de vida". Para los que se pierden, somos "olor de muerte". Confieso que esta "fragancia" sorprendería a los clientes de cualquier perfumería. He sentido otros tipos de esencias, como perfumes dulces, cítricos, amaderados y florales. Pero al perfume con olor a muerte nunca lo he probado. ¿Qué quiso decir Pablo con esto?

Necesitamos entender el contexto. En el versículo 14, el apóstol declaró que Cristo "nos lleva siempre al triunfo". Antiguamente, cuando el ejército romano regresaba después de una campaña exitosa, había una procesión de los victoriosos por las calles de la ciudad. Al son de los trompetistas, eran recibidos por los senadores y los magistrados. También había personas con incensarios que perfumaban el aire. Sintiendo el olor de la victoria, los vencedores pasaban por el arco triunfal, liderados por el gran conquistador, quien llevaba consigo los despojos y los cautivos. Para esos cautivos, el "olor" no era de victoria, sino de muerte, pues en poco tiempo serían ejecutados.

Para Pablo, Cristo es el gran Comandante del ejército de Dios. Nosotros somos solo los portadores del incienso en la procesión triunfal de Cristo. Cuando hablamos de él a las personas, esparcimos la fragancia de su victoria. Lamentablemente, para algunos ese "olor" será de muerte, pues rechazarán el mensaje de salvación. La pregunta principal es la siguiente: ¿Eres el buen perfume de Jesús?

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