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Después del pecado de Adán y Eva, el planeta Tierra se convirtió en un gran hospital. Del Jardín del Edén, pasaron a una "UTI" (Unidad de Terapia Intensiva). Imagino la tristeza de aquel primer matrimonio al ver a sus hijos nacer infectados por el virus del pecado. Su partida de nacimiento indicaba que eran "hijos de ira" (Efe. 2:3). Una triste descripción para tan hermosos bebés, ¿verdad? David también reconoció esta condición al decir: "En pecado me concibió mi madre" (Sal. 51:5).
No importa la etnia, el sexo ni la condición social, todos nacemos con el corazón corrupto y propenso al mal (Jer. 17:9). Elena de White comparó el pecado con una "lepra [...] profundamente arraigada, [...] mortífera" (EI Deseado de todas las gentes, p. 227). Es una enfermedad terrible del alma, y no existen antibióticos capaces de revertir la muerte. Aún peor, esta enfermedad lleva a la víctima a huir del Médico. ¿Cómo se resuelve este triste pronóstico?
En primer lugar, necesitamos entender que es imposible curar el pecado por nuestra cuenta. Sería como tratar un cáncer con aspirinas. De hecho, si pudiéramos resolver el problema de nuestra naturaleza pecaminosa por nuestra cuenta, Jesús no habría necesitado venir a la Tierra. Bastaría con desarrollar una vida de disciplina o de reclusión monástica, y el pecado estaría "controlado". Sin embargo, la solución al problema está fuera de nosotros.
El único remedio para esta pandemia moral se encuentra en la muerte del Médico. Solo Jesús tiene el antibiótico, su preciosa sangre, capaz de liberarnos del poder y la influencia del pecado. Jesús venció donde nunca venceríamos por nuestras propias fuerzas. Al morir en lugar de los pecadores, Jesús pagó el precio de nuestra cura y nos dio la oportunidad de recorrer junto a él el camino de la sanación, día a día, hasta que regrese y nos de el alta definitiva de esta UTI.
La receta que la Biblia nos da hoy es simple: Sé amigo del Médico. Él resucitó y ofrece su preciosa sangre para salvarnos. Las consultas privadas con él son gratuitas y está disponible todos los días. Realiza trasplantes de corazón, alivia el estrés y ofrece vida en abundancia. Reconoce hoy que estás enfermo y que necesitas urgentemente a Jesús.