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Cuando tenía seis años, fui a pasar las vacaciones con mi familia en la ciudad de Penedo, en el interior de Río de Janeiro, Brasil. Durante varias semanas, nos quedamos en un campamento llamado "Casa de piedra", un lugar espacioso y muy agradable en medio de la naturaleza. Una tarde, mientras todos descansaban, salí solo por el campamento en busca de aventura. Sin embargo, esa no fue una buena idea. En mi ingenuidad, comencé a saltar sobre una gran estructura de cemento. No tenía ni idea de lo que había allí debajo. De repente, la tapa giró y caí en un gran reservorio de agua. Para mi total desgracia, la tapa cerró el lugar. Todo se puso oscuro, y comencé a ahogarme y a descender hacia el fondo del pozo.
Desesperado, hice una breve oración en mi mente: "iJesús, sálvame!" Tal vez esa haya sido la primera oración que tuvo sentido en mi vida. Pensé que iba a morir. Después de algunos segundos, escuché pasos sobre esa gran estructura de cemento. Vi un destello de luz y un brazo extendido hacia mí. Era el brazo de mi madre. Ella escuchó los gritos y vino rápidamente a rescatarme.
Es posible que, en algún momento de tu vida, también hayas llegado al "fondo del pozo". No literalmente, como me pasó a mí, pero en las angustias y dificultades de tu camino. Como el salmista en el versículo de hoy, tal vez estés clamando a Dios para que te salve de las profundidades de la depresión, el desempleo, la adicción, la soledad o el deseo de suicidarte. Tal vez todavía te sientas en un agujero que tú mismo cavaste en las tardes ociosas de la vida. Me gustaría que miraras hacia lo alto. Existe un Dios que no desampara a sus hijos, especialmente cuando están en un "callejón sin salida".
El mismo Dios que estuvo en el pozo con José, en la mazmorra con Pablo, en el vientre del pez con Jonás, en la cueva con Elías y en la fosa de los leones con Daniel es el que ahora está contigo. ¡Él sabe cómo salir de un agujero, de un pozo y hasta de una tumba! Para Dios, el "fondo del pozo" no es el punto final de la existencia, sino la oportunidad de un nuevo comienzo. ¡Mira hacia los brazos del Omnipotente! Están extendidos para salvar.
¡No tengas miedo! Jesús te rescatará y limpiará tus heridas. Para cada callejón sin salida, él abre un pasadizo secreto.