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El Dueño del Mundo

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"Mía es la plata y mío es el oro", afirma el Señor de los Ejércitos (Hageo 2:8, NVI).

Desde 1917, la revista estadounidense Forbes publica quincenalmente una lista con los nombres de las personas más ricas del planeta. Solo para que te hagas una idea, los primeros 500 multimillonarios poseen juntos una fortuna de 5,9 billones de dólares. Si sumamos la riqueza de solo 8 de estos multimillonarios, el valor resultante equivale a la riqueza del 50% de la población mundial.

Lo intrigante es que en ninguna edición de la revista encontramos el nombre del Dueño del mundo, lo que es un gran desaire. Después de todo, cada centavo que circula en los sistemas financieros le pertenece a él. ¿Sabes de quién estoy hablando? La Biblia responde: "Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella" (Sal 24:1, NVI).

Todas las cosas pertenecen a Dios. El apóstol Pablo dijo: "Porque en él vivimos, y nos movemos, y existimos" (Hech. 17:28). Desde el aire que respiramos hasta la casa en la que vivimos le pertenecen a él. En su misericordia, Dios nos permite administrar sus recursos.

Desafortunadamente, algunas personas insisten en pensar que son dueñas de sus "imperios". Sin embargo, la Biblia advierte: "No se te ocurra pensar: 'Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos'. Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza" (Deut. 8:17, 18). Él instituyó el sistema de diezmos y ofrendas para recordarnos que es el Dueño de todo y para liberarnos de las "esposas de oro y plata".

En la época del profeta Hageo, el pueblo de Israel acababa de regresar del exilio babilónico y solo se preocupaba por su propio bienestar. Mientras que sus casas estaban hermosas y ornamentadas, el Templo permanecía en ruinas. Hageo, entonces, se levantó para llamar la atención del pueblo. ¡Y funcionó! Todos escucharon el mensaje del profeta y comenzaron a priorizar el reino de Dios al devolver los diezmos y las ofrendas. El resultado fue la reconstrucción del Templo.

Sería maravilloso si tuviéramos el mismo espíritu que los contemporáneos de Hageo. Ciertamente, muchas cosas serían reconstruidas; de manera especial, el templo del corazón. ¿Por qué no tomas hoy la decisión de ser un mayordomo fiel? Si así lo haces, serás parte de la lista de "millonarios" del Cielo.

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