|
Hace años, participé con el cuarteto Arautos do Rei de una programación en los Estados Unidos. A mitad de semana, visitamos las cavernas de Luray, al norte del Estado de Virginia. Me impresionó la belleza y la grandiosidad de ese lugar, descubierto en 1878 por cinco residentes locales. La cueva tiene 2,4 kilómetros de extensión y cuenta con una cantidad enorme de estalactitas y estalagmitas, de tamaños variados y colores que van desde el dorado hasta el verde claro.
Lo que más me llamó la atención fue que todas esas formaciones rocosas se construyeron gota a gota, a partir de la sedimentación y la cristalización de minerales disueltos en el agua. A lo largo de los años, esas piedras derramaron "lágrimas", y entonces sus contornos comenzaron a reflejarse en hermosas piscinas naturales que parecían más bien espejos.
Al final de la caminata, nos sorprendió una música producida por un órgano electrónico conectado a las estalactitas. Sumados a la acústica de ese salón subterráneo, escuchamos sonidos realmente "cavernosos". Nos emocionamos tanto que pedimos permiso al guía para cantar a capela la canción Al cielo yo voy. Por la reacción de los demás turistas, creo que a todos les gustó.
Al salir de ese lugar, me quedé pensando que la construcción del carácter ocurre de manera similar a la formación de las cavernas. Como un gran castillo subterráneo, el carácter se forma día tras día, "gota a gota", hasta crear una estructura permanente. Elena de White afirmó que "la formación del carácter es la obra de toda la vida, y es para la eternidad" (Conducción del niño, p. 149). Así como sucede con esas rocas calcáreas, nuestro carácter se forma por el "goteo" de los pensamientos, acciones y hábitos que acariciamos a lo largo de la vida. En ese proceso, hay lágrimas y tribulaciones. Pero, si miramos constantemente a Jesús, nuestro corazón se llenará con las bellezas de su gracia.
¿Cómo estás construyendo tu carácter? ¿Qué tipo de "piedras" estás formando? ¿Qué hay debajo de tu superficie? Pídele a Dios que modele tu carácter a su imagen. Así, reflejarás cosas buenas y emitirás sonidos agradables.