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Manos a la Obra

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La mano negligente empobrece, pero la mano diligente enriquece (Proverbios 10:4).

En cierta ocasión, alguien le preguntó a un recién graduado si le gustaría conseguir un trabajo. Él se detuvo, pensó y, casi desperezándose, dijo: "Trabajo no, pero me gustaría encontrar un empleo". Al igual que este joven, hay mucha gente por ahí que siente escalofríos solo de escuchar la palabra "trabajo". Son personas que siguen la ley del menor esfuerzo. Quieren privilegios sin sacrificios, resultados sin sudor. Sin embargo, la Biblia afirma que los logros provienen del esfuerzo personal. En Lucas 10:7, Jesús dijo que "el obrero es digno de su salario".

Aunque el pecado ha afectado todas las dimensiones de la vida humana (Gén 3:19), el trabajo sigue siendo una bendición. Fortalece nuestras facultades físicas y mentales, además de proporcionarnos el sustento. La misma Ley de Dios, en el cuarto Mandamiento, presenta esta orden: "Seis días trabajarás y harás toda tu obra" (Éxo. 20:9).

El trabajo es creativo, vitalizador, y dignifica al ser humano. En la Edad Media, Benito de Nursia acuñó la famosa frase: Ora et labora ("Ora y trabaja"). Esta expresión atrae la atención no solo hacia la vida devocional, sino también hacia el trabajo práctico. Thomas Edison, el gran inventor de la luz eléctrica y otras 2.332 patentes, también demostró el valor del trabajo al decir: "Ninguna de mis invenciones fue accidental; todas ellas fueron el resultado de mucho trabajo". En otra ocasión, Edison también afirmó: "Todo llega para quien es activo mientras espera".

¿Te gusta trabajar o eres adepto a la pereza? Recuerda que Dios siempre llamó a personas que tenían las manos ocupadas. Gedeón trillaba el trigo (Juec. 6); Samuel servía en el Tabernáculo (1 Sam. 3); David cuidaba ovejas (1 Sam. 17:20); Eliseo araba la tierra (1 Rey. 19:19-21); los discípulos pescaban (Mar. 1:16-20); Mateo recaudaba impuestos (Mat. 9:9); y Moisés cuidaba rebaños (Éxo. 3). Realmente, iDios no aprecia a quienes adoptan la pereza como estilo de vida!

¿Puedo darte algunos consejos? Da lo mejor de ti en todo lo que hagas. Sé diligente en tu trabajo. Recorre siempre una segunda milla. Y recuerda: hazlo de corazón, como si fuera para el Señor (Col. 3:23).

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