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En 2005, tuve la alegría de ayudar al maestro Silmar Correia en la composición de la canción A Tua Lei[ Tu Ley], grabada por el cuarteto Arautos do Rei en el álbum Aqui é Seu Lugar [Tu lugar es aquí]. Mi tarea fue reunir textos bíblicos sobre la Ley de Dios. En la investigación, me impresionó la riqueza literaria del Salmo 119, el capítulo más extenso de la Biblia, que terminó siendo la base del contenido de la canción. Este salmo, escrito en forma de acróstico con las letras hebreas, es una de las poesías más hermosas sobre la Ley de Dios.
La palabra hebrea traducida como "ley" en el Salmo 119 es torah, que significa "enseñanza", o "instrucción". Se refiere a todas las instrucciones de Dios, sean estas morales, civiles, sociales o religiosas. Incluye todos los sabios consejos que el Señor dio a su pueblo para que experimentara una vida plena, tanto física como espiritualmente. Es la ley del amor, que busca nuestro bien (Deut. 10:13).
Tal vez pienses en cómo es posible que alguien ame un código de reglas, un conjunto de "noes". Después de todo, a nadie le gusta que le digan lo que debe hacer. Es cierto, el ser humano ya nace reacio a las reglas y dictámenes de sus superiores. Tendemos a pensar que las leyes restringen nuestra libertad y conspiran contra nuestra felicidad.
Sin embargo, la Ley de Dios no funciona de esa manera. Detrás de cada "no" divino, existe el "sí" de la gracia. Dios es quien más interesado está en nuestro bien. Por eso, nos dejó un código de amor que sirve de protección contra el mal y de escudo contra la frustración. Solo quien ha caído en pecado sabe la miseria que la desobediencia puede causar. El rey David escribió: "Dios mío, me deleito en hacer tu voluntad, y tu ley está en medio de mi corazón" (Sal. 40:8).
Hoy en día, mucha gente cree que la Ley de Dios ya no es necesaria ni relevante. El mundo posmoderno predica que "todo es relativo" y que cada individuo puede encontrar dentro de sí el criterio para juzgar sus acciones. Sin embargo, la Biblia nos muestra que la Ley de Dios es eterna, perfecta, santa, justa y buena, y que sigue siendo el patrón que guía nuestras elecciones.
¿Quieres un consejo? Elige amar la Ley de Dios. En ella se revela el infinito amor que el Padre tiene por ti.