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Gracia Para Quien no la Merece

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De modo que, si me tienes por compañero, recíbelo como a mí mismo. Si te ha perjudicado o te debe algo, cárgalo a mi cuenta (Filemón 1:17, 18, NVI).

En la novela Los miserables, publicada en 1862 por el escritor francés Victor Hugo, Jean Valjean es un pobre campesino condenado a 19 años de prisión por haber robado un pan. Al ser liberado, sufre el rechazo de la sociedad y comienza a dormir en la calle. El rumbo de su vida solo cambia cuando entra en contacto con el obispo Myriel, quien lo acoge en su casa.

Sin embargo, en lugar de mostrar gratitud, Valjean roba los cubiertos de plata del obispo y huye. Poco tiempo después, es arrestado y llevado por los policías ante el religioso. Además de no acusarlo, Myriel lo salva, alegando que la plata fue un regalo. Después de esta muestra de bondad, Valjean se convierte en un hombre de bien.

Este cuento de Victor Hugo tiene cierta similitud con la carta de Pablo a Filemón, un pequeño libro del Nuevo Testamento del cual extraje los versículos de hoy. Filemón era un cristiano que vivía en la ciudad de Colosas, en Asia, y tenía un esclavo llamado Onésimo. Insatisfecho con su condición de esclavo, Onésimo robó algunos bienes de su amo y huyó a Roma.

En esa época, había alrededor de seis millones de esclavos en el Imperio Romano. Aunque eran tratados como mercancía, no se les mantenía en condiciones inhumanas. El esclavo era una propiedad de gran valor y costaba caro perderlo. Algunos eran considerados parte de la propia familia del amo. Sin embargo, existían leyes severas para los casos de fuga o rebelión.

Cuando estaba en Roma, Onésimo tuvo contacto con el apóstol Pablo y terminó convirtiéndose al cristianismo. Los dos formaron una excelente dupla misionera. Sin embargo, el apóstol estaba preso. ¿Quién se encargaría del joven Onésimo? Con todo el amor del mundo, Pablo le escribió una carta a Filemón pidiéndole que perdonara a su antiguo esclavo y que, si Onésimo debía algo, el propio Pablo lo pagaría.

Y tú, ¿perdonarías a un ladrón? ¿Contratarías a alguien con un currículum manchado? No sabemos cuál fue la reacción de Filemón al recibir a Onésimo de vuelta. Lo que sabemos es que tanto Myriel como el apóstol Pablo eligieron el camino del amor y del perdón. ¡Eso es gracia para aquellos que no la merecen!

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