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En el idioma portugués, existen los verbos vicarios. Los más comunes son "ser" y "hacer". Este tipo de verbos se utilizan para evitar repeticiones innecesarias en el texto y así dejarlo estéticamente más bello y fluido. También se los llama "verbos sustitutos" ("vicario", del latín vicarius, significa "en lugar de"). Por ejemplo: "Él no viaja como viajaba antes". Para evitar repetir el verbo "viajar", la frase podría ser "Él no viaja como lo hacía antes".
La Biblia presenta otro Verbo vicario. En realidad, se trata de una Persona. Juan afirma que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigenito del Padre" (Juan 1:14, RVR 95). Jesús es llamado el Verbo porque es el único que da sentido al "texto" de nuestra existencia. Así como el verbo es el elemento que determina el sentido fundamental de una oración, Jesús es responsable de nuestro movimiento, nuestra "vida, aliento y todas las cosas" (Hech. 17:25).
Jesús es la Palabra caminante que desbordó en gloria, gracia y verdad, atributos que expresan lo mejor del Universo. No es un mero concepto. El Verbo no permaneció aislado en el "vocabulario de Dios", sino que se encarnó en nuestro mundo sombrío y tradujo al lenguaje humano el eterno amor del Padre.
Como nadie, Jesús conoce los "puntos" y las "comas" que el pecado trajo a nuestra vida. Él mismo probó el amargo cáliz de la separación y sufrió la muerte eterna en la cruz del Calvario. El Verbo "fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados" (Isa. 53:5, NTV) para librarnos de las "repeticiones innecesarias" en el pecado.
Sobre este inmenso sacrificio, Robert Sproul escribió lo siguiente: "Fue obsceno, pero fue hermoso, porque por medio de esta separación podremos un día experimentar la cercanía plena de Dios. Contemplaremos un día, sin velo, la luz de la faz de Dios" (Quem é Jesus?, p. 104).
¿Cuál es tu reacción ante ese amor inconmensurable? ¿Qué respuesta le darías a Jesús por haber muerto en tu lugar? Al mirar la Cruz, Jesús no quiere que sientas lástima por él. Llorar y lamentarse no es suficiente. ¡Jesús lo quiere todo! ¡El quiere tu corazón!