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Mundo de Lágrimas

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Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo, tanto para los ángeles como para los hombres (1 Corintios 4:9).

La Isla de las Lágrimas es un monumento construido en la ciudad de Minsk, en Bielorrusia, en honor a los soldados de la antigua Unión Soviética que murieron en la guerra de Afganistán en la década de 1980. En el centro de la ciudad, se encuentra un pequeño templo adornado con estatuas que representan a madres y hermanas de los combatientes caídos. El realismo de las esculturas impresiona. Se puede ver claramente la sensación de dolor y angustia en los rostros de los familiares mientras sostienen las pertenencias de los hijos.

En las paredes de la capilla hay listas de soldados que murieron en combate. Sus nombres están decorados con coronas, campanas y conmovedoras dedicatorias. Frente al templo, aún se puede ver la estatua de un ángel que llora por no haber podido salvar a más soldados en esa guerra inútil y sin sentido.

Este monumento de la Isla de las Lágrimas es una miniatura de lo que sucede en nuestro mundo, que está marcado por el conflicto entre el bien y el mal. Aquí luchamos, caemos, lloramos y nos despedimos de aquellos a quienes amamos. Es una batalla que tiene implicaciones eternas.

El apóstol Pablo escribió que estamos en el escenario de esta guerra y, de hecho, somos observados por ángeles y seres humanos. La palabra griega para "espectáculo" es theatron, de la cual deriva el término "teatro", que se refiere tanto al lugar de presentación como al objeto en exhibición. En otras palabras, Pablo afirmó que participamos en el teatro de la vida real, que es presentado a todos los seres del universo. En esta obra, no hay guion ni guionistas, sino que cada uno escribe su propia historia.

¿Cómo reaccionas al saber que seres invisibles te observan en este momento? El hecho de que los ángeles de Dios conozcan tus lágrimas, tentaciones y alegrías, ¿te trae consuelo? La Biblia dice que ellos son "espíritus servidores, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación" (Heb. 1:14). Ellos nos acompañan, nos protegen y registran todo lo que hacemos (Sal. 34:7; 91:11; Mal. 3:16). 

En este mundo marcado por lágrimas, Dios está haciendo todo lo posible para salvarte. Él ha provisto los medios para que el espectáculo tenga un final feliz. El personaje principal de esta historia, Jesucristo, un día enjugará de nuestros ojos toda lágrima (Apoc. 21:4). 

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