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¿Por qué bostezamos cuando vemos a alguien bostezar? ¿Por qué sentimos "vergüenza ajena" cuando vemos a una persona pasar por una situación vergonzosa? La respuesta a estas preguntas está en nuestra cabeza, más precisamente en el córtex frontal inferior. En esta región tenemos las llamadas neuronas espejo, que son células "a donde va Vicente va la gente", especialistas en copiar.
Científicos italianos descubrieron en la década de 1990 que la simple observación de las acciones de los demás es capaz de activar las mismas regiones en el cerebro del propio observador. La percepción visual inicia una especie de simulación o duplicación interna de los actos vistos. Es decir, cuando vemos a alguien hacer algo o experimentar una emoción, nuestra inclinación natural es reproducir lo mismo.
Los seres humanos tienen una fuerte tendencia a alinear su comportamiento con el de los demás. La imitación facilita las interacciones sociales, acerca a las personas y promueve el cuidado mutuo. Los buenos imitadores también son buenos para reconocer las emociones en otras personas, lo que, a su vez, puede generar mayor empatía.
Es saludable tener compasión por las personas y empatía por su sufrimiento. Sin embargo, cuando el sufrimiento ajeno empieza a afectarnos al punto de que dejamos de vivir nuestra propia vida, es necesario revaluar ese comportamiento. Cada individuo tiene su personalidad: su manera de pensar, sentir y actuar. Reconocer los límites es un requisito fundamental para una vida saludable, incluso en el ámbito espiritual.
Elena de White escribió lo siguiente: "Es una ley de la naturaleza intelectual y de la espiritual que llegamos a ser transformados por medio de la contemplación. La mente se adapta gradualmente a los temas en que se ocupa. Se llega a asimilar lo que se acostumbra amar y reverenciar" (El conflicto de los siglos, p. 611).
¿Qué imitas de las demás personas? ¿Cosas buenas o malas? El apóstol Pablo nos invita a ser sus imitadores, así como él lo fue de Cristo. La palabra griega traducida como "imitadores" es mimëtai, plural de mimëtës, de la cual deriva el término "mímica". De manera muy valiente, Pablo nos llama a seguir sus pasos e imitar su ejemplo, ya que él sabía que era un verdadero seguidor de Jesús. ¿Aceptas la invitación?