MEGÁFONO

Jóvenes · Del libro Inverso

¡Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio! Y adoren al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas (Apocalipsis 14:7).

El 5 de noviembre de 2015, el distrito de Bento Rodrigues, en Minas Gerais, Brasil, pasó a la historia al ser escenario de uno de los mayores desastres ambientales del mundo. En solo once minutos, el pueblo de 600 habitantes fue completamente devastado por un tsunami de lodo y residuos, resultantes de la minería de hierro. La ola, provocada por la ruptura de dos presas de la minera responsable, dejó 19 muertos y causó daños irreparables al ecosistema.

La tragedia no fue peor gracias a una mujer de 36 años, llamada Paula Geralda, que se convirtió en una verdadera heroína. Al escuchar por la radio que la represa había reventado, Paula "voló" con su moto por las calles de Bento Rodrigues tocando la bocina y gritando para que la gente huyera de la tragedia. Gracias a su iniciativa, cientos de personas fueron salvadas. Nadie en su sano juicio sale gritando por las calles sin una razón plausible. Este comportamiento ocurre debido a una tragedia inminente, una euforia intensa o simplemente porque alguien desea vender un producto. En cualquier caso, existe el deseo de difundir alguna noticia, sea buena o mala.

Hablar en voz alta siempre ha sido parte del proceso de comunicación humana. En la antigua Grecia, por ejemplo, se usaban dispositivos con forma de cono que concentraban las ondas sonoras para hacerlas viajar más lejos de lo que normalmente viajarían. Igualmente, en sus obras teatrales, los griegos colocaban en sus máscaras un embudo cónico que amplificaba la voz. Estos fueron los primeros megáfonos. Recién en 1650, Athanasius Kircher, un jesuita alemán, inventó el megáfono moderno, que fue mejorado doscientos años después por Thomas Edison.

En el primer mensaje angélico (Apoc. 14:6, 7), un ángel clama "a gran voz" (en phōnē megalē, en el original) la llegada del juicio de Dios y la importancia de adorar al Señor según los términos del cuarto Mandamiento. Al igual que Paula, es nuestro deber avisar a las personas sobre el juicio inminente. ¿Formas parte del pueblo que, como el ángel, predica en voz alta al mundo sobre la bendita esperanza del retorno de Jesús? ¿Estás haciendo tu parte?